DE TRANSPARENTE CRISTAL

 

 

Delante de lo que fue su casa

el niño merodea.

 

Descalzo, no siente el efecto

de cenizas candentes por los escombros;

abrupta desolación en su alma.

 

Sus piernas tiemblan, no le impiden dejarse llevar

de la inercia del momento. Remueve dos ladrillos;

eso es todo.

 

Entre destrozo y el humo sólo puede comprobar

el silencio del vecino, la miseria,

los muertos que ha de llorar.

 

Aun con su corta edad

se da cuenta,

mira de aquí para  allá,

huele la sangre caída,

oye el pánico soplar

en sus oídos.

 

Por su lógica postura cunde el miedo,

el filo del dolor atraviesa sus entrañas,

total desesperación roza la sombra del gemido;

y este… empuja lágrimones de trasparente cristal.

 

Sus ojos grandes cual rojos, ya no tienen más que dar,

sus brazos gritan al aire; piden justicia… piedad.

 

Delante de lo que fue su casa

el niño merodea,

de rabia patalea;

mientras del tanque asesino

un soldado en uniforme

le ofrece la mano en señal de amistad.