LAS CUERDAS DEL PRENDIMIENTO

( para Miguel Mendiola, gitano andaluz de filosofía y letras )

Cierro los ojos y veo:
una hoguera de asesinos,
en alto brilla
a la orilla
del río,
la plata del cielo anuncia
la muerte…
mientras un mantón de estrellas abre paso a un jinete
entre dos nubes de miedo.
Una torre de sombras anuncia el entierro,
que nunca lo fue,
los grillos cantan
y las ranas saltan
sobre los charcos de cieno.

Cierro los ojos y siento
que, el calor aprieta;
hay disparos de pistolas
de fusiles… es la guerra;
y en el medio de la noche
sólo un gitano sonríe
el llanto de esa tragedia.
No es la burla de su risa
ni el penar de su miseria,
es quizás la simpatía
que sintió por el poeta.

Sus amigos le rodean, pero él es como un ciego,
no ve, pero lo percibe,
lo presiente, habla por señas
con los guiños de un lucero
y la luz de sus estrellas.

Con la faca en la cintura
y un pañuelo rojo al cuello,
muestra fija su mirada,
bajo su sombrero negro,
cabizbajo altivo y seco;
de su boca sale un verso con acento y tono serio.

La letra de esa canción
todos escuchan atentos
no se apartan, lo sospechan,
saben lo que está ocurriendo,
dándose un abrazo en corro
le miran como diciendo:
no te apures… que nosotros
no te dejaremos, queo.

El gitano se complace
y agradece ese momento,
él se aferra a su guitarra
en bandolera colgada,
no quiere verla callada,
la sostiene con las manos
y sus dedos acarician
las cuerdas del prendimiento.

Hay alguien que le acompaña
con letra del cancionero;
y las voces
se levantan
al ritmo de otro palmero.

El Gitano,
seducido y orgulloso al mismo tiempo,
sabe que ha sido el primero
en cantar a Federico;
porque sí…. no por fama ni dinero.