LA RIMA DE LOS BALAZOS

Casi como profecía,
Federico les decía...
que le abrieran el balcón.

Al final de cada día,
así lo hicieron
y vieron:
naranjas, niños comiendo,
segadores en la era
fértiles campos de olivo,
esos ríos con meandros
bajo miradas de plata
en noches agrias de frío.

Vieron los copos de nieve
sobre la furtiva estepa;
viento, sueños y suspiros.

Vieron sol y vieron sombra,
ansiedad en los tendidos
y en el ruedo,
vieron
a las cinco en punto;
lágrimas de aquel gemido.

Vieron a Guardias Civiles
de impaciencia consumidos
y vieron a los lagartos
llorar,
igual que ese peregrino
cuando mira a sus alforjas
al llegar a su destino.

¿Federico, qué te hicieron?

¿Qué fue de tu luna verde,
tu revólver, tu sombrero,
tu caballo, los gitanos,
la guitarra y el torero?

¿Federico... qué te hicieron?

Tú, que tiraste limones,
que bordaste de alegría
páginas de convicciones,
estrofas universales
para orgullo y emociones
de gente como nosotros
buscando entre tus cancione
la energía y compasión
de tu enorme corazón.

¿Federico... por qué tú?

Tantos otros por delante,
pero tú, tan sólo tú,
tajante
y lleno de brío;
miraste al cielo azul,
cuando ofreciste tu vida
sobre la cruz
de un poema
hecho... con rima de balazos.