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DE DIEZ A UNA
Soñando,
duermo a las diez de tu recuerdo
y en mi descanso;
te busco a las nueve de la suerte.
Te presiento y no te veo
a las ocho de mi ceguera.
Siempre me acerco a las siete de la esperanza,
después de haberme perdido
en las seis de tu misterio.
Y en el calor de las cinco
saco la rima de un brinco
para ti.
Eso sí…
en la avenida de las cuatro,
dejo atrás... a las tres del olvido.
Sólo quedan las dos de nuestra imaginación,
compuestas por la solitud y el capricho.
He dicho.
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