SILABAS INOCENTES


Cuando me siento a escribir,
no siempre tengo la idea
de lo que quiero decir.

Si la mente no está clara,
es difícil de medir
el ángulo que separa
lo real
de lo intangible.

Vacilo,
dudo sin poder arrancar
el sentimiento que me inunda
y hace abrir
las compuertas de mis sueños.

Cuando me siento a escribir,
sinceramente lo intento,
sobre un lienzo
de esperanza,
doy pinceladas de azul
y entre los tonos quebrados
de mi implacable inquietud,
trepo esa cuerda de luz
sujeta arriba;
en el extremo vertical del deseo.

Cuando me siento a escribir,
a veces,
sin darme cuenta
saco palabras a relucir,
no tienen sentido, ni peso
o interés para inducir
curiosidad ajena.

Sin embargo,
cuando me siento a escribir,
soy parte del universo,
me gusta sentirme humano
y capaz de conseguir
dar impulso a mi acento,
contundencia al pensamiento
convertido en oración;
reflejo absoluto de mi habitual sentir.

Es entonces, que, relleno cuartillas
con silabas inocentes,
incalculables versiones,
y emociones
de un poema terminado,
haciéndome sonreír
al leer y darme cuenta
de
que al fin… lo conseguí.

Pues, poco a poco, la estrofa,
deja una rima
que brota
de aquí
para
allí.