TINTA DERRAMADA


La pluma tiene afonía.

Hojas de papel en blanco,

destrozadas, por el suelo,

se me van amontonando.

Quiero, lo intento y no puedo.

No me salen las palabras ni la rima para el verso.

El reloj…

marca las horas con cierta monotonía.

Su tic-tac…

me pone enfermo, acentúa mi agonía.

Me voy hacia la ventana

y en la calle,

veo a chicos que, en el aire

plasman un mosaico de alegría.

Sus madres, con ganas y entusiasmadas,

en la acera, hacen un corro, ensimismadas

con chismes…,

tiran y tiran de lengua tras la boda de María.

Un sol débil, como avergonzado en su cotidiana huida,

por detrás de los tejados, se despide

de otro día.



Miro, observo y me detengo a pensar.

En el aire del momento respiro

respiro profundamente.

A penas sin darme cuenta,

con emoción y armonía;

poco a poco se derrama

la tinta de mi ironía.