AL PASAR EL RIO



Sobre una barca cascada,

sin velas y sin timón,

cruzo el río de lo absurdo

entre remansos diarios

y corrientes de emoción.

Con la vida atada al remo,

la ceguera y ambición

del remero que,

se quema

bajo los rayos del sol;

llego siempre a la otra orilla

donde tomo posesión,

igual que logré en el verso

al dejar cuña de autor.

Eso sí... cuando despierto;

me doy cuenta, pues de nada me sirvió.