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Humanismo
tecnológico Ciertamente el humano siempre ha deseado conocer su propio
destino. Los antiguos creían en la “mántica”, en el arte de
predecir el futuro, y todavía los astrólogos, adivinos, quirománticos, hacen
su agosto tratando de responder a estos deseos. Pero cuando se discute sobre
el futuro del hombre, no nos referimos a este ámbito solamente; sino a
aquellas transformaciones que el género humano podrá completar y vivir en un
futuro más o menos lejano, si ciertas tendencias, campeantes ya, continúan su
empeño y su éxito a un ritmo acelerado. En efecto, jamás la ciencia había tenido tan vertiginosa
avanzada. Es en este sentido en el que el futuro del hombre es todo un
problema contemporáneo. Y nos demuestra cómo el hombre es algo todavía
—en parte al menos— por hacer. De ahí que esté evolucionando a
diario. Su mérito principal lo constituye la cultura: el conjunto de
instrumentos que él ha construido para responder a sus responsabilidades.
Claro está que tales instrumentos no son sólo las máquinas y útiles para el
trabajo o la producción, son también los medios de comunicación, las
hipótesis y teorías científicas, las diversas doctrinas filosóficas, las
nuevas tendencias morales y religiosas. Instrumentos estos en rápida
transformación. Y es esto lo que inquieta, lo que hace presente la pregunta
sobre el futuro del hombre. Frente a un hombre que parece caminar a la extinción o
autoextinción, sea que, en orden a las alternativas humanas, preveamos
demasiado en forma optimista, dentro de “un destino aparente”;
sea que no preveamos nada y nada dejemos al hombre para hacer a modo de
nihilismo irracional; hemos de pensar seriamente en la responsabilidad de un
auténtico humanismo tecnológico, entendiendo por humanismo “la doctrina
que pone al hombre en el centro de la reflexión y la filosofía que asume al
hombre como su preocupación fundamental... la doctrina en virtud de la cual
se confiere al ser humano un lugar central en el universo.” (Josu
Landa). Es indudablemente cierto que toda transformación que se produce
en un determinado campo de la actividad humana, tienda a modificar, en alguna
medida, la mayoría de los otros. Las nuevas técnicas del trabajo y de la
producción influyen en las maneras de vivir, en los usos y costumbres, en los
comportamientos morales de los grupos humanos. Toda modificación en un cierto
campo del saber no permanece en una sola área, sino que en un determinado
lapso es utilizada en otras esferas; y así tiende a turbar o cambiar el
equilibrio siempre inestable del ordenamiento general de la vida humana. Es relativamente fácil para el hombre utilizar sus posibilidades
y facultades para proyectar nuevos instrumentos mecánicos, nuevos medios de
producción, de distribución y de comunicación, nuevas formas de organización
social que respondan a tal o cual objetivo. Se trata en estos casos de
servirse de las técnicas adaptadas por sus propias investigaciones
científicas. Es decir, todo es producto de la selección adecuada de las
combinaciones posibles. Sobre estas bases, el éxito o el fracaso de cualquier
proyecto se puede prever con suficiente
probabilidad. Lo que no se puede predecir con la misma probabilidad es el
feedback, la retroacción o retroalimentación que tendrá el proyecto, no sólo
en el campo mismo en el cual se ha realizado, sino en los otros campos más o
menos conectados. Porque, en general, las técnicas que han hecho posible un
determinado proyecto no están en grado de orientarnos sobre su retroacción.
Así sucede que el logro de un nuevo plan influye en menor o mayor cuantía
sobre los proyectos ya en acto, y de una manera imprevista o imprevisible
sobre la vida del hombre. Estando así las cosas, mientras pareciera que el futuro del
hombre se tornase cada día menos previsible y más abrumador, tremenda es la
tarea que le espera al científico hoy ante el futuro de la humanidad. Los
avances tecnológicos obligan a reestructurar los pensa de las más calificadas
disciplinas o facultades universitarias. Muchos de los problemas
contemporáneos pueden hacer del Ingeniero —entre otros
profesionales— un responsable inmediato. De donde se precisa una
atención a los contenidos programáticos universitarios. En efecto, los más
destacados estudiosos del asunto piensan en un nuevo tipo de Ingeniero: el
Ingeniero Social, quien a través de una formación intertransdisciplinaria de
lo más variada y eficaz logre diseñar mejor el cambiante mundo en que se
desenvuelve. Importante, entonces, en aras de un Humanismo tecnológico,
humanizar la ciencia. Recae sobre el hombre la clara responsabilidad de
asignarle a la ciencia definidas metas humanizantes. “Un saber
comprometido con lo humano, en el que también deberíamos incluir una nueva
manera de entender la ciencia, una ciencia comprometida con lo humano.”
( Josu Landa ). |