Sirve para la vida
No sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al
poder con sentimientos cercanos. No sirve para vivir, pero la poesía vive con
las palabras. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo
que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve
para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en
otros cuerpos, para reflexionar y sentir la belleza y hondura de las palabras
que nos explican cómo somos. No sirve para amar, no sirve para gritar, no sirve para
llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para
que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no
sirve para juzgar a nadie, no sirve para lograr la paz. Pero sirve para
hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse
contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para
celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros
lugares. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Da vida a los muertos y
nombra lo que a menudo no tiene nombre.
Es nada, pero al final sirve. Sirve para llevar a Dios a misa. Para que la primavera camine al
mercado entre panaderías y palomas. Para que a la mesa lleguen recién casados
los sabores del mar y de la tierra. Para que las gaviotas repartan el aroma
de la rosa en las arenas. Para salir a todas las calles del mundo a repartir
pescado. Para saber por quién la lluvia y los pájaros del mar llorarán
mañana. Para que hablen los pueblos por su canto. Para dar con todos los
azules de la tierra hacia la luz total de nuestras cosas. Para darle la mano
a las manos temblorosas de la lluvia e irse cantando entre la dicha y la
dureza, la cólera o ternura. Sirve
para saber que no tenemos más remedio que vivir, ni más recuerdo que la vida.
Para decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Para dejar escrito en la
piedra el sueño del domingo. Sirve para que ni un hombre pase sin que reine y sigan naciendo
hasta llenar el mundo, sin que nadie los divida sino el sol o la noche, la
lluvia o las espigas. Para que el
mundo se pueble de palomas. El hombre recuerde las sombras que nadó hasta que
quiera saltar al agua para caer al cielo. Sirve
para distribuir las flores del mañana e ir galopando en el viento sobre el
caballo de la lluvia. Para abrir
cajones, llenar platos, destapar versos y botellas, hasta que alguna vez si
ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estemos juntos, extrañamente
confundidos, sirviéndole a la vida. (Poesía,
Sociedad Anónima). |