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El viaje Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino
sea largo, rico en experiencias, en conocimiento. Visita muchas ciudades y
con avidez aprende de sus sabios. Ten siempre a Itaca en la memoria. Llegar
allí es tu meta. Mas no apresures el viaje. Mejor que se extienda largos
años; y en tu vejez arribes a la isla con cuanto hayas ganado en el camino
sin esperar que Itaca te enriquezca. Itaca te regaló un hermoso viaje. Sin
ella el camino no hubieras emprendido. Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca. Rico en saber y en vida,
como has vuelto, comprendes ya qué significan las Itacas. Cuando de pronto, a media noche, se oiga pasar invisible un
báquico cortejo con músicas maravillosas, con vocerío, tu fortuna flaqueante,
tus obras fallidas, los sueños de tu vida que salieron todos vanos, no los
llores inútilmente. Como dispuesto desde hace tiempo, como un valiente,
despide, despide a esa Alejandría que se aleja. Sobre todo, no te engañes, no
digas que fue un sueño, que tu oído te engañó; no te acojas a tan vanas
esperanzas. Como dispuesto desde hace tiempo, como un valiente, como
corresponde a quien de tal ciudad fue digno, acércate resuelto a la ventana y
escucha conmovido, mas sin súplicas ni lamentos de cobarde, como goce
postrero los sones, los maravillosos instrumentos del místico, báquico
cortejo y despide, despide a esa Alejandría que pierdes para siempre. Dijiste: “Iré a otro país, veré otras playas; buscaré una
ciudad mejor que ésta. Todos
mis esfuerzos son fracasos y mi corazón, como muerto, está enterrado. ¿Por
cuánto tiempo más estaré contemplando estos despojos? A donde vuelvo la
mirada, veo sólo las negras ruinas de mi vida, aquí donde tantos años pasé,
destruí y perdí”. No encontrarás otro país ni otras playas, llevarás por
doquier y a cuestas tu ciudad; caminarás las mismas calles, envejecerás en
los mismos suburbios, encanecerás en las mismas casas. Siempre llegarás a
esta ciudad; no esperes otra, no hay barco ni camino para ti. Al arruinar tu
vida en esta parte de la tierra, la has destrozado en todo el universo. Saltamos como el trompo o la pelota; el corazón nos
atormenta y rompe. La meta sin cesar se desaloja o no existe o está quién
sabe dónde. Hemos visto arenas, olas y millones de astros; mas, como aquí nos
ha seguido el tedio, no obstante los desastres y naufragios. La mujer, vil
esclava, embrutecida, sin risa ni asco idolatrando a su ídolo, déspota el
hombre, esclavo de su esclava y en albañales de lascivia hundido; riendo el
verdugo, el mártir sollozando, la sangre perfumando el rojo rito, el poder
enervándose, y el pueblo besando el látigo en su sangre tinto. ¡Sabiduría
amarga la del viaje! ¡Levemos anclas, vieja Capitana! Este país nos mata. ¡Aparejemos,
oh Muerte: cielo y mar se entenebrecen y de albores rebozan nuestros pechos!
Sea la Gloria o el profundo Infierno, hundir queremos nuestra frente que arde
en lo Ignorado para hallar Lo Nuevo! Fuente: Constantin Cavafis. Charles
Baudelaire. |