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¿Walt
Whitman, cantor de la expansión imperialista ? Así como cada uno tiene
su Vallejo o su Neruda, así todos tenemos nuestro
Whitman. El norteamericano cuya poesía alcanza dimensiones sobrehumanas,
perteneciente al linaje de los profetas y liberadores con claras osadías
épicas revolucionarias. El que prefería odiar la literatura antes que
la guerra. El ser más totalmente religioso encontrado por algunos.
El que con el más amplio volumen de la poesía norteamericana - Hojas de
hierba - logró una de las expresiones más elocuentes en el siglo XIX.
El que, gracias a su "conciencia cósmica", a sus dominios
universales y personales, íntimos, ocupa privilegiado lugar entre
los poetas del mundo; aunque en verdad habría que preguntarse si él escribió
para el mundo o exclusivamente para el pueblo norteamericano. Con todo,
ateniéndonos a sus propias palabras: "El poeta perfecto debe ser
intachable en manera así como en asunto". Lo cierto es que Whitman no
pudo liberarse de su intenso, excesivo americanismo, reflejado en
estrofas como ésta: "Vamos, hijos presurosos... Seguidme en orden, aprestad vuestras
armas. ¿Tenéis vuestras pistolas?¿Lleváis
afiladas vuestras hachas? ¡Pioners! ¡Oh pioners! No podemos detenernos aquí. Tenemos que seguir, queridos, tenemos
que sostener el choque de los peligros, nosotros, las jóvenes razas musculosas,
nosotros, sobre quienes cuentan los demás. ¡Pioners! ¡Oh pioners!." Difícil para Whitman
a pesar de su sueño ecuménico, universal, traicionar sus lealtades y
sentimientos respecto a la vis, las fuerzas heredadas. Él que
vio la guerra donde es peor, no en los campos de batalla sino en los hospitales,
donde se mezcló con ella, llegó a exclamar: "¡Dios maldiga las guerras,
todas; Dios maldiga cada guerra, Dios las maldiga!." No
obstante fue ardiente expansionista como muchos intelectuales norteamericanos
de su tiempo. Al menos así lo confirma el texto: "Justificación de
la guerra con México", cuyo autor es Walt Whitman, según
pudimos conocerlo gracias a la revista mexicana Archipiélago, el cual
reproducimos en su totalidad. Querámoslo o no, la grandeza de un
espíritu noble se refleja en cada uno de sus actos, en "las acciones más
comunes", en "los simples divinos hechos", en cada uno de
sus asuntos. O en decir de Whitman mismo: "El poeta perfecto
debe ser intachable en manera así como en
asunto." Tal como el de la guerra de 1847 entre los
Estados Unidos y México, la que obligó al país centroamericano a ceder
más de la mitad de su territorio ( más o menos el tamaño de Colombia y
Venezuela juntas) a los Estados Unidos y su rabiosa, insaciable ansia
expansionista. "Sí: ¡MÉXICO debe
ser cabalmente castigado! Hemos llegado a un punto en nuestro
trato con ese país en que cada precepto de derecho y política nos impone que
hagamos expeditas y eficaces demostraciones de fuerza. Las noticias de
ayer proporcionaron el último argumento que se requería para probar la
necesidad de una Declaración de Guerra inmediata de nuestro gobierno a su
vecino del sur. Estamos justificados ante el
mundo, pues hemos tratado a México con mayor lenidad que la que hasta ahora
nos había merecido un enemigo; pues México, aunque despreciable
en muchos aspectos. Es un enemigo que merece una igorosa
"lección". Hemos instado, hemos disculpado, hemos sido
sordos a la insolente gasconada de su gobierno, hemos sufrido hasta ahora el
ofensivo rechazo de un embajador que personificaba a la Nación Americana, y
hemos esperado durante años el pago de las reclamaciones de nuestros
mercaderes araviados. Hemos buscado la paz por todos los caminos, y
cerrado los ojos ate muchas cosas que si hubieran provenido de Inglaterra o
Francia el residente no hubiera osado dejarlas pasar sin severo y
célere enfado. Hemos rebasado nuestra memoria de lo que sucedió en el sur
hace años; las diabólicas masacres de algunos de nuestros hijos más valientes
y nobles, los hijos no solamente del sur, sino también del norte y del
oeste; masacres que no solamente contravenían los preceptos más
ordinarios de humanidad, sino que también violaban todas las reglas de la
guerra. ¿Quién ha leído la asquerosa historia de esos asesinatos brutales
al por mayor, tan vacíos de propósito que no fuera satisfacer el apetito
cobarde de una nación de machos, dispuestos a fusilar centenas de hombres a
sangre fría, sin anhelar que llegue el día que se oiga la plegaria de esa
sangre y que la venganza de un Dios punitivo sea infligida a aquellos que sin
piedad y sin necesidad asesinaron Su imagen? Ha llegado el día. Creemos que no
puede caber ninguna duda respecto de la veracidad de las noticias de ayer; y
estamos seguros que el pueblo, en una proporción de diez por uno, quiere hostilidades
rápidas y eficaces. Comentarios periodísticos mansos, como los que
aparecen en la principal prensa democrática de hoy, en Nueva York, y
las despreciables criticas antipatrióticas de su órgano contemporáneo de
orientación Whig, no expresan los sentimientos y los deseos del
pueblo. ¡Avancen nuestras armas con un espíritu que enseñará al
mundo que si bien no buscamos pendencias, los Estados Unidos
sabemos aplastar y desplegarnos!." Bibliografía: |