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Hijos del Sol
Pura como la sal, intacta, erguida, A pesar de lecciones, selecciones, fundamentos, ganancias, percepciones; a pesar de evidencia, prueba, acierto, de sombras, de sorpresas o de asombros, de encantos, desencantos o de engaños; de suertes, espejismos, coherencias, de embalajes, de enveses o reveses, de vivencias, de goces, contingencias, razones, sinrazones o clemencias; de cuentas, soledades o disfraces, de casos, de rechazos o trancazos, entuertos, desaciertos o de aciertos; quehaceres, enseres, medio días, necesidad, urgencia, pensamiento, misterio, angustia, enigma, llanto, apremio; hallazgos, llagaduras o soberbias, itinerarios, términos, confines, espejos, fondos, flecos o trasfondos, reinos, ruletas, cirios, cofradías, gritos, sentires, albas, fogaradas; palmas, aclamaciones o desgracias, pérdidas, imprevistos, decisiones; barrancos, hojarascas, hojalatas, artilugios, veredas, vendavales; intemperies, delirios, universos, espigas, migas, ligas, trashumancias, artimañas, enredos, fogonazos, suspensos, intenciones y temblores; abismos, danzas, hambres, credenciales, profecías, cabañas, huertos, sauces, peldaños, cuartos, calles, desvaríos; amarras, parpadeos, marejadas, horrores, trampas, máscaras, cristales, orejas, sobres, rastros, rostros, nombres, regresos, ramas, remos, ruidos, ruedos. A pesar de tener que competir, partir, andar, luchar, llegar, vivir: auscultarse, encontrarse y aceptarse; hallarse, oírse, dar, existir, darse. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Más allá del amor, las piedras sueltas, las culpas, los resabios, los refranes, nos queda la palabra para siempre. Hijos del Sol, quemados por el Sol, no vamos ni venimos, sólo somos: estamos en las manos del tiempo. Lo más alto, el asombro, el vino en vida. “Para que se aprenda en el mundo que los que tienen bosque y agua pueden cortar y navegar, pueden ir y pueden volver, pueden padecer y amar, pueden temer y trabajar, pueden ser y pueden seguir, pueden florecer y morir, pueden ser sencillos y oscuros, pueden no tener orejas, pueden aguantar la desdicha, pueden esperar una flor, en fin, podemos existir, aunque no acepten nuestras vidas unos cuantos hijos de puta”. (Pablo Neruda). |