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Juan Gelman dixit ¿Qué nuevas incertidumbres, agonías,
interrogantes y tragedias deberá atravesar la palabra en el siglo que asoma,
después de haber cruzado tantas en el que termina con el cortejo de un
milenio? La palabra que nos vuelve humanos y transforma el instinto en claro
deseo ¿se apagará, se extinguirá, será despojo mutilado? No lo creo. Ningún
microchip nos convertirá la lengua en trapo. Ningún desastre lo conseguirá.
Ninguna catástrofe, natural o provocada por el hombre, ha podido jamás cortar
el hilo de la poesía, ése que nos continúa desde el fondo de los siglos como
nuestra belleza posible, esa sombra sin cuerpo que nace de las huellas del
límite para borrarlo de la faz de La poesía es resistencia frente a un mundo que
se vuelve cada vez más cruel, cada vez más terrible, deshumanizante; la
palabra es una forma de resistencia muy clara frente a todo esto. Por
supuesto que hay muchas otras. Lo extraordinario es cómo la poesía pese a
todo, sigue creciendo. Es un hilo que nos une a todos y sólo se acabará
cuando se acabe el mundo. La poesía habla al ser humano no
como ser hecho, sino por hacer. Va a la realidad y la devuelve otra. Espera
el milagro, pero sobre todo busca la materia que lo hace. Nombra lo que le
esperaba oculto en el fondo de los tiempos y es memoria de lo no sucedido
todavía. Ella acepta el espesor de la tragedia humana. La mera existencia de
la poesía resiste el envilecimiento de lo humano. La palabra justa pertenece al reino de La poesía es un acto de amor, un oficio
ardiente, inútil, pero necesario. Entre
tantos oficios ejerzo éste que no es mío, // como un amo implacable / me
obliga a trabajar de día, de noche, /con dolor, con amor, / bajo la lluvia,
en la catástrofe, / cuando se abren los brazos de la ternura o del alma, /
cuando la enfermedad hunde sus manos. // A este oficio me obligan los dolores
ajenos, / las lágrimas, los pañuelos saludadores, / las promesas en medio del
otoño o del fuego, / los besos del encuentro, los besos del adiós, / todo me
obliga a trabajar con las palabras, con la sangre. // Nunca fui dueño de mis
cenizas, mis versos, / rostros oscuros los escriben como tirar contra la
muerte. |