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Reto y porfía , En simétrico intercambio, se trabaja y se recrea, el que va atrás
ve pá’lante y el que va alante voltea. En
compartida sinergia, el pecho del medanal, el lucero entre la noche, en un
hombre los demás. Nada fijo, todo flujo, cada luna con su ojera, cada palabra
en la otra, cada sabana en conseja. Desde una misma butaca viendo a solas la
vida: trama encantada al azar al margen del que la tira. Recuerdo, palabra
altiva, parece que vas soñando, ninguno escoge, adivina, ni ve lo que nadie
piensa. En claro lenguaje propio, evaluando, componiendo, para quien se halle
dormido o siga en sueño durmiendo. ¡Quién ha visto dorodoro
cantando con arrendajo! Sin dar tregua a la porfía en reto descomunal, el
coplero Florentino, puntero en la soledad. Sabana, sabana, tierra que hace
sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed, una con mi
alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a
responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar
con él. Buen jinete, buen coplero, conocedor de
sabanas, baquiano de todo río, entre el bien, detrás del mal, entre la vida y
la muerte, retumbar se oyó su voz tras la augusta claridad. Hombre en afán y
paisaje, en arpa, cuatro y maracas, bandola, reto y
porfía, contrapunteo de la vida, contrapunteo de la muerte, en el sitio
convenido, perito en copla y corríos, íngrimo y abandonado, en sabana fulgurada, reta
toda inmensidad. El coplero Florentino
por el ancho terraplén, puntero en la soledad, la palma sin un vaivén, cantor
de pecho cabal, catire quitapesares, arrendajo y turupial, parece que va
soñando con la sabana en la sien. Mientras el cuatro me afine y la maraca
resuene no hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene. El bien y el mal de por medio, la siempre falsa
verdad, el padre de la mentira, tentando y tentando va. Algo divino aletea
muy dispuesto a rebelarse, el orden cósmico fija las reglas del huracán.
Repugnante y asqueroso, seduce y tienta el espectro, aterra, abisma y ataca
entre el chubasco lunar. Zamuros de Monstruo terrible se enfrenta al hombre libre
en galope, lo absurdo, lo pervertido, atenta en la oscuridad. Hombres,
noches, dioses, sombras en honda fuerza sublime, en manos de la natura, echan
su dado a rodar. Zamuros de Zamuros de |