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En los 75 años del
Che Si el poeta eres tú,
como dijo el poeta, y el que ha tumbado estrellas en mil noches de lluvias
coloridas eres tú, qué tengo yo que hablarte, Comandante. Si el que asomó al
futuro su perfil y lo estrenó con voces de fusil fuiste tú, guerrero para
siempre, tiempo eterno, qué puedo yo cantarte, Comandante. (Pablo Milanés). Estás en todas partes. En el indio hecho
de sueño y cobre. Y en el negro revuelto en espumosa muchedumbre, y en el ser
petrolero y salitrero, y en el terrible desamparo de la banana, y en la gran
pampa de las pieles y en el azúcar y en la sal y en los cafetos, tú, móvil
estatua de tu sangre como te derribaron, vivo, como no te querían, Che
Comandante, amigo. Cuba te sabe de memoria. Rostro de
barbas que clarean. Y marfil y aceituna en la piel de santo joven. Firme la
voz que ordena sin mandar, que manda compañera, ordena amiga, tierna y dura
de jefe camarada. Te vemos cada día y puro como un niño o como un hombre
puro, Che Comandante, amigo. Pasas en tu descolorido, roto,
agujereado traje de campaña. El de la selva, como antes fue el de la Sierra.
Semidesnudo el poderoso pecho de fusil y palabra, de ardiente vendaval y
lenta rosa. No hay descanso. ¡Salud, Guevara! O mejor todavía desde
el hondón americano: Espéranos. Partiremos contigo. Queremos morir para vivir
como tú has muerto, para vivir como tú vives, Che Comandante, amigo. (Nicolás
Guillén) Te han cubierto de afiches, de
pancartas, de voces en los muros, de agravios retroactivos, de honores
destiempo. Te han transformado en pieza de consumo, en memoria trivial, en
ayer sin retorno, en rabia embalsamada. Y quizás han resuelto que la única
forma de desprenderse de ti o dejarte al garete es vaciarte de lumbre,
convertirte en héroe de mármol o de yeso y por lo tanto inmóvil o mejor como
mito o silueta o fantasma del pasado pisado; sin embargo tus ojos
interminables, Che, miran como si no pudieran mirar, asombrados tal vez de
que el mundo no entienda que treinta y tres años después sigues bregando
dulce y tenaz por la dicha del hombre. (Mario Benedetti) Pudiste haber muerto en un terremoto
cuando bebías unos tragos con los amigos de tu barrio, cuando fuiste
declarado no apto para el servicio militar obligatorio, cuando tuviste tu
primer desengaño amoroso y te fuiste a recorrer el mundo como un
ferrocarrilero perdido. O sea noche. Cuando los muchachos del colegio se
burlaban de ti porque no sabías bailar caminito que el tiempo ha borrado, y
la soledad creció como un águila misteriosa en tus labios. Sí. Pudiste haber
muerto en el cine o en la tranquilidad de la lluvia como cualquiera de
nosotros: pensando en las musarañas, en carlitos gardel o en el cabro de
borges. O en esa vecina que creía en la amistad como un árbol lleno de
espejos. Pero jamás falleciste ni siquiera cerraste los ojos cuando te
cortaron las manos y te dispararon un tiro en la nuca y otro en el pecho. Ni
cuando escribías en la selva algunos breves poemas al pie de un tronco
musgoso. Ni cuando amanecías buscando el sol en los bosques. Ni cuando
mandaste al diablo a monje (del pc-boliviano) y te quedaste solo, besando con
tus compañeros la soledad de la noche. Y menos cuando triunfó la revolución y
los caracoles y retamas abrieron sus espumas de fuego. Porque no morirás jamás
"sabueso contemporáneo" de la historia. Pues solamente falleciste
como tú querías: recordando la historia de los hombres y avanzando a gritos
en el río y escupiéndole en el corazón a tu verdugo y haciéndole comprender a
una humilde profesora las miserias de su patria y las sombras agujereadas de
su vida. (Nicolás Guillén) Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca
pero no importaba. Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo, le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos
cerca de su sombra. No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano
despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su
estrella elegida. (Julio Cortázar) Tu mano gloriosa y fuerte desde la historia
dispara cuando todo Santa Clara se despierta para verte. Aquí se queda la
clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia, Comandante Che
Guevara. Seguiremos adelante, como junto a ti seguimos y con Fidel te decimos
Hasta Siempre Comandante. (Carlos Puebla) Así estamos, consternados, rabiosos,
aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles. Da avergüenza mirar
los cuadros, los sillones, las alfombras; sacar una botella del refrigerador,
teclear las tres letras mundiales de tu nombre en la rígida máquina que nunca
nunca estuvo con la cinta tan pálida. Vergüenza tener frío y arrimarse a la
estufa como siempre, tener hambre y comer esa cosa tan simple, abrir el
tocadiscos y escuchar en silencio sobre todo si es un cuarteto de Mozart. Da
vergüenza el confort y el asma da vergüenza, cuando tú comandante estás
cayendo … ametrallado, fabuloso, nítido… eres nuestra conciencia acribillada.
Dicen que te quemaron... con qué fuego van a quemar las buenas buenas nuevas,
la irascible ternura que trajiste y llevaste con tu voz, con tu barro. Dicen
que incineraron toda tu vocación menos un dedo… basta para mostrarnos el
camino, para acusar al monstruo y sus tizones, para apretar de nuevo los
gatillos. Así estamos, consternados, rabiosos,
claro que con el tiempo la plomiza consternación se nos irá pasando, la rabia
quedará, se hará más limpia. Estás muerto, estás vivo, estás cayendo, estás
nube, estás lluvia, estás estrella… Donde estés … si es que estás … si estás
llegando… aprovecha por fin a respirar tranquilo, a llenarte de cielo los
pulmones. Donde estés … si es que estás … si estás llegando … será una pena
que no exista Dios. Pero habrá otros, claro que habrá otros dignos de
recibirte comandante (Mario Benedetti) Como si San Martín la mano pura a Martí
familiar tendido hubiera, como si el Plata vegetal viniera con el Cauto a
juntar agua y ternura, así Guevara, el gaucho de voz dura, brindó a Fidel su
sangre guerrillera y su ancha mano fue más compañera cuando fue nuestra noche
más oscura. Huyó la muerte. De su sombra impura, del puñal, del veneno, de la
fiera, sólo el recuerdo bárbaro perdura. Hecha de dos un alma brilla entera,
como si San Martín la mano pura a Martí familiar tendido hubiera. (Nicolás
Guillén) Prohibido llorar sobre los vivos a
ochenta años de la augusta gesta, frente a los de Bolívar y Camilo, a treinta
del viraje hacia la estrella. Al pie de tus treinta años te decimos: préstanos
tu morral y tu escopeta, tus focos, tus Vietnams y tus caminos, tu esperanza,
ternura y arrechera. Préstanos tu montaña, tus morteros, tu magia, soledad,
naufragio y suerte, tus planos, tus trincheras, tus secretos. Préstanos tu
escondite y taburete y tu diario y tus manos y portentos para empuñar fusiles
nuevamente. (Pablo Mora) ¿Treinta y tres años ya? ¿O sea que
pudimos seguir sobrando treinta y tres años en un mundo en que no estaba él? ¿O
sea que hay una generación que ha podido nacer, crecer y engendrar en un
mundo en que desde hace treinta y tres años falta él? ¿Cómo concebir el mundo
treinta y tres años sin él? Lo dejamos solo comandante sin ejército… creyeron
que había muerto y anunciaron "el fin de la historia" como si ya
todos pensáramos igual con la indócil excepción de Chiapas y de Cuba, pero yo
sé, sabemos que la historia sí puede terminar antes de que regrese el hombre
nuevo que él anunció, trayendo consigo como la más bella utopía de América y
por eso lo espero para poder seguir vivo y poder seguir esperando lo que
viene entonces, Che. ¿Hasta la victoria siempre? (Jorge Enrique Adoum). Guevara, como todos los soñadores, no
triunfó. Lo mataron, como a todos los héroes desbocados. Quizás nadie sepa
nunca hasta dónde pudo haber llegado su locura. Quizás por eso su tumba está
en nuestro corazón. (Adriano González León). Como Anfiáreo, la muerte no
interrumpe sus recuerdos. La aristía, la protección en el combate, la tuvo
siempre a la hora de los gritos y la arreciada de cuello, pero también la
areteia, el sacrificio, el afán de holocausto. El sacrificarse en la pirámide
funeral, pero antes dio las pruebas terribles de su tamaño para la
transfiguración. Donde quiera que hay una piedra, decía Nietzsche, hay una
imagen. Y su imagen es uno de los comienzos de los prodigios, del sembradío
en la piedra, es decir, el crecimiento tal como aparece en las primeras
teogonías, depositando la región de la fuerza en el espacio vacío. (José
Lezama Lima). Ahora serán las palabras, las más inútiles
o las más elocuentes, las que brotan de las lágrimas o de la cólera; ahora
leeremos bellas imágenes sobre el Fénix que renace de las cenizas, en poemas
y discursos de ira fijando para siempre la imagen del Che. También estas son
palabras, pero no las quiero así, no quiero ser yo quien hable de él. Pido lo
imposible, lo más inmerecido, lo que me atreví a hacer una vez, que sea su
mano la que escriba estas líneas. (Julio Cortázar). Crezcan como buenos
revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite
dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que
cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de
sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquier parte
del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario. (Ernesto Che
Guevara). Ejemplo indestructible y que, aun
destruido en la persona, en nada habrá de menguar la lucha que se lleva
adelante para la liberación de la América nuestra – la auténtica, la que
verdaderamente podemos llamar "nuestra" en tiempo presente. El
mito, la leyenda, la conseja, la tradición transmitida de boca en boca,
lleva, a lo ancho de las tierras, en el lomo de las cordilleras, a lo largo
de los ríos, el nombre del Che. Nombre de un hombre por siempre inscrito en
el gran martirologio de América, que se hizo uno con la idea misma de la
revolución y, caído, habrá de levantar nuevas energías revolucionarias en el
camino donde, según últimas palabras de su diario, el paso de sus hombres
"había dejado huellas". Huellas que no se borran. Que jamás habrán
de borrarse. Que quedan marcadas en el sueño del continente entero. (Alejo
Carpentier). El Che, como pocos hombres en nuestro
hemisferio, entendió que la revolución es una gran aventura. Un desafío a la
realidad y un compromiso feroz con la imaginación. Un ejército ético propio
de una conciencia de titanes, donde se sabe de antemano y con lucidez que la
libertad se inventa en la acción sublime de cada día. (Iván Darío Álvarez). La figura del Comandante Che Guevara es
hoy más que nunca para nosotros como un relámpago de oro en la conciencia. Su
acción y su pensamiento, su increíble audacia histórica, constituyen una
permanente advertencia para todos aquellos que pensamos, con Marx, que no
basta con interpretar el mundo, sino que es preciso cambiarlo, transformarlo,
alterarlo revolucionariamente. El Che Guevara hablaba constantemente de la
necesidad de crear un hombre nuevo, que él llamaba "el hombre del siglo
XXI", y advertía que esa era una tarea enormemente dificultosa;
nosotros, aquí y ahora, tenemos el deber, al recordar hoy la figura del
guerrillero asesinado, de meditar a fondo sobre ese principio revolucionario
que, desgraciadamente, ha sido tomado muy poco en cuenta por los
revolucionarios socialistas. (Ludovico Silva). ¿Dónde estás, caballero, el más puro,
caballero, el mejor caballero? Encendiendo el hachón guerrillero en lo
oscuro, señora, en lo oscuro. (Mirta Aguirre). Che recuerda lo que ya sabemos
desde Espartaco y que a veces olvidamos: la Humanidad encuentra en la lucha
contra la injusticia un escalón que la eleva, que la hace mejor, que la
convierte en más humana. (Subcomandante Marcos). |