|
Hanni Amiga In memoriam Hanni
Ossott
Hanni Amiga: Junto a esta taza de chocolate, a 57 años de tu
nacimiento y cuarenta y tantos días de tu partida, con tu poesía cada vez más
cercana al cuerpo y al alma, con estos espacios de ausencia y luz, para decir
lo mismo, desde el reino donde la noche se abre, en presencia de tu imagen, en disolución,
templanza y vida, fulges, radiante, en el cielo, tu arco grande. En la
experiencia de revelación la realidad se deja estar. Ella es la que dicta
ahora la palabra, desde su vasto silencio... Poesía es atender a la realidad,
el atender —nos decías— es un cuidar; y es advertir. El poeta se
ocupa de la atención... Por eso ahora tu presencia como nunca nos ocupa,
ocupa el rato de este insomnio. Celebramos tu vida aparatosamente lunar entre
nosotros. Contigo y con Rilke creemos en la noche. Juntos, construimos a
Dios, desde las oscuras horas del ser. Aun cuando no queramos: Dios madura.
Él sabe que siempre llega uno nuevo para construirlo. Desde la orilla de tu
anhelo, desde las bridas del sueño, nos confirmas que sólo hay que cuidar,
vivir, resistir, sobrevivir. Fundar el mundo. Hacer la noche. Templar el
habla. El error, la errancia, el esplendor. Sueño en el sueño, no quieres
apartarte de la voz con que vives. Dónde tu errar y nuestro errar dónde.
Dónde ahora la mirada, sobre qué pozos esta lejitud. Qué maridad puedes
darnos, qué esencia, qué grano... Tu corazón en qué centro estará, dónde...
como una nota suelta casi danzando... Eres temblor de la estrella y nosotros
tan lejos con la pregunta desde aquí, esperando el golpe inminente, el
hachazo... ¿Dónde estás? En qué punto del universo. En qué centro ¿Dónde
gravitas? ¿Eres acaso estrella? Eres el milagro en el desierto. Una hora al borde
del día. Pasión y luz. Una ruta, un camino. Lo grande, lo inmenso, lo grave,
con los ojos clavados en sagrada celebración, desde la gran vasija del alma.
El porvenir, el retorno, el regazo, el mar, la plenitud, la aurora. ¡Sé
eterna! ¡Sé tuya! ¡Vive tu vida! Tu maduración. Tu reino. Esparce tu semilla,
cubre, fertiliza el verde de la hierba... Sujétate. Húndete en lo verde.
Agárrate como un árbol a la tierra. |