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Tras una patria
nueva Para Giambatista Vico, dentro de un
sistema cíclico por el que transitan las naciones, cada pueblo pasa por
distintas etapas (corsi) que modelan toda su actividad hasta llegar a la
decadencia, la que a su vez conduce a recomenzar el proceso (ricorsi) en un
plano distinto y superior. Antonio Gramsci, por su parte, acuñó el concepto
de “crisis orgánica”, para
referirse a esos momentos históricos en que a las fuerzas dominantes se le
fracturan las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre la economía y
la política, y no pueden ejercer su dirección del modo habitual: “La
crisis consiste precisamente en que muere lo viejo sin que pueda nacer lo
nuevo". Circunstancias en que el bloque ideológico dominante tiende a
disgregarse y a perder su capacidad de impulsar el capitalismo hacia
adelante, contando aún con fuerzas que pueden moderar la situación e impedir
un desenlace revolucionario. Al respecto, Jorge Alberto
Kreyness, al referirse a la crisis orgánica del capitalismo, basándose en
Gramsci, sostiene que "el elemento decisivo de toda situación es
la fuerza, permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que
se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable ( y es
favorable sólo en la medida que una fuerza tal existe y está impregnada de
ardor combativo)." En tales circunstancias, se precisa la construcción
de una contrahegemonía, de un contrapoder, de un nuevo sistema de
instituciones que consoliden la direccionalidad de las fuerzas antagónicas a
las de la dominación, hasta darle cauce positivo a la espontaneidad y
acumular y redimensionar las fuerzas definidamente revolucionarias. Ante un capitalismo con patente de justicia y
eternidad, no queda sino construir las nuevas formas para arremeter contra la injusticia, la
desigualdad, el hambre, la opresión y todos los horrores que asolan a tres
cuartas partes de la humanidad. Ante la desfachatez de la superpotencia
hegemónica central, frente a la gran periferia desplegada al sur del Río
Grande a través de uno y otro intervensionismo geopolítico, nunca como hoy se justifica un proyecto
contrahegemónico que nos ayude firmemente a ponerle coto a tanto
“capitalismo salvaje”, desenfrenado, hegemónico, invasor. La nueva patria vendrá de un largo dolor y un
largo trabajo. Pavese nos recordaba: “El secreto de la vida es obrar
como si tuviésemos lo que más dolorosamente nos falta.” El futuro de la
patria no puede ser sino su construcción. No puede haber retorno sino medida
e invención, constancia y creación, construcción del porvenir. Nuestra mayor
arma, el estar vivos. Estar vivos ha de significar arrear nuestro destino.
Entre flujos y reflujos, antes que el pueblo se mantenga a oscuras,
redescubrir nuestra propia patria, sentirla, revivirla, hacerla; rehacerla,
reorganizarla, reestructurarla, horadando las tinieblas hasta que reflorezcan
la vida y la esperanza. Subvertir un orden viejo. Con el mundo entero por
testigo, construir un orden nuevo en busca de una humanidad nueva. |