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Llegó el momento de morir de asombros In memoriam
Gabriel Celaya y la Poesía, Sociedad Anónima ¿Qué signo, qué mensaje, qué advertencia en los rizos de
la achicoria, el asfalto de
los musgos, la geometría de la pomarrosa? Alejo Carpentier En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de
cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno.
Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia,
noche creadora, noche amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el
mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del
horizonte espera, invita la bandera a batallar. ***
Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las
cosas de cerca. Porque, ya sabemos, el mar lo comienza todo una y otra vez,
lo une, lo disocia, lo aleja, lo transforma, lo acrece o lo vence y nos trae
asimismo la esperanza, la dicha o la desilusión. El mar nos piensa, nos
piensa y nos sostiene. Nos ciñe simplemente, nos espera. Antes que el tiempo
se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era. En esta hora de
soledad terrestre, activa aguas puras, parecidas a los sueños. *** Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo
tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A
reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el
asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la
palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los
tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros
descendencia, si es cuestión de vivir contra morir. *** Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el
hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que
cabalga las estrellas a caballo en las crines de la mar. El mar rodea la
ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible
bramido lo ciñe y espera su regreso. Toda madera tiene color a miel marina.
Hay peces que navegan en el aire, olas que fulgen en las sementeras. El mar
no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la
pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado
fervor, de las extrañas islas de la noche. *** *** ¡Pidamos todo el corazón
del mar para la Paz! |