Juguemos a la patria
ay cuándo ay cuándo y cuándo despertaré en tus brazos P.
N. Porque tu luz en las tinieblas resplandece. Porque clara luce tu
sombra en la distancia o la noche de tu lumbre. Porque nunca te sentimos tan
vecina a nuestro insomnio. Porque a diario nos compruebas que existe algo más
acá de las estrellas, donde titilan las entrañas de tus hijos: el más acá
poblado de miserias y de sueños. El
más acá del horizonte. El más acá de tu entrecejo, de tu ira, desasosiego,
tempestad y grito. Porque siguen los imperios velando tu riqueza, defendiendo
a dentelladas, a mordiscos, su trono y lozanía, mientras la guerra se
decreta; sigue, crece, se desborda y multiplica. Sigue arreciando cerca de
los golfos, cerca de los mares, cerca del hombre y sus tormentos. Verdadero
asalto a mano armada, arrebatando
conciencias, minerales, alboradas; mundos y submundos ante la colosal
supermandad del odio. Porque comienzan a escasear los
perfumes de oréganos, cardones, tunas, semerucos, damas de medianoche,
andiduras, guayanas, falconías, frente a las viejas casas solariegas, el sol,
el solaraje, la rabia, la llagadura, el desvelo, la ternura. Porque
arrastramos muerte todavía. Porque combatimos con el caballo azul del amor,
el blanco de la libertad y el rojo del combate. Porque persiste angustia,
soledad, silencio, crispación y pálpito, aguijando, aguijoneando, arañando
nuestro tiempo, circundando las voces desgarradas del barranco. Porque
morimos de miseria cada tarde ante el viento huracanado de la larga letanía
de este dolor definitivamente inhumano. Porque el pecho es un celaje que no
puede contenerte. Porque persiste el desgarramiento, la llamarada, la brasa, la
hoguera, la hojarasca, la bazofia cotidiana. Porque hacen falta jinete,
cabalgadura, lontananza, sabanas para la canción de la victoria. Porque
bebemos nuestra agua a precio de sangre dolarada. Porque casi no alcanza el
sudor para la leña. Porque el yugo se encarama en la cerviz y nuestra piel
quema como un horno por el ardor del hambre. Porque seguimos con el hambre
todavía, descalzos todavía, sedientos todavía. Carcomida la conciencia desde
adentro, desde lejos, desde afuera, desde siempre, desde cerca, hasta las
cejas. Oigamos el clamor, el griterío, al
hambre en su galope. Escondámosle los dados a los
dioses. Cuidemos de quedarnos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin
osadía. ¡Juguemos a la patria! Hijos del Mañana, escuchemos la melodía del
futuro. Comencemos de nuevo. Acumulemos paz, previendo las luchas que le
faltan al torrente. Acumulemos sueños y verdades, lo que importa es la luz de
los caminos. ¡No más odio! ¡No más
cólera! ¡Sólo el hombre! ¡Nuestra condición!
¡Sólo campos, huertas, sementeras!
¡Sólo arados para el hombre! ¡Sólo hogares para el hombre! ¡Sólo amor,
el viril amor del hombre por su hermano, su llanto y esperanza! ¡Menos fuerza para la guerra! ¡Más valor para la paz! ¡A juego
limpio! ¡Doblemos la parada! ¡A jugársela! ¡A jugárselas! ¡Soñemos con la
paz! ¡Apostemos a la patria! ¡Juguemos a la patria! |