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1. Sensibilidad, Creación y Vocación
1.1.
Creación y Vida
El Humanismo Integral, que procura el equilibrio
entre lo pragmático y lo teórico, entre la ratio technica y la
verdad o razón alethéitica, anhela, igualmente, que "la ciega
investigación de la verdad científica no olvide su responsabilidad
humana y su dignidad". (Einstein)2 . Pone el acento
en el espíritu crítico y la creatividad, dentro de un momento científico,
en donde la prospectiva es la utopía más la verificación, en donde la
cibernética misma apela, como medio de investigación y descubrimiento, al razonamiento
por analogía considerado por mucho tiempo como del dominio exclusivo de
la poesía.3 Creatividad que, se ha evidenciado, exige un pensamiento
crítico, científico, a veces dado con la anuencia o complementariedad
del pensamiento alógico, incluso, no racional, circundado por
una razón poética como visión del mundo, en acechanza permanente del
"asombro" que hoy se llama "creación", invención.
De donde, más que nunca, la razón poética ha de
asistir a la razón científica, y viceversa, en aras de una unidad de
conocimiento humano sobre la base del diálogo y la unidad de las ciencias.
De donde, urge decidirse por la sensibilidad artística
en función del Proyecto de Vida, del Proyecto Creador, en los
que cada hombre ha de afianzar su vocación, al interior de un contexto,
comprometido, crítica y participativamente.
1.2. Sensibilidad Externa e Interna
Atento el hombre a su vibracionalidad, en cuanto eje y
flecha de la evolución, inmerso en el gran flujo de creación de la
humanidad; entre ansiedades, inseguridades, angustias y hecatombes, un día
da con la luz o la luz da con él.
Llámese metanoia, conversión, encuentro personal,
cambio interior, íntima revolución en sinergia fecundante de co-creación,
manía humana ha sido siempre la de captar y realizar la unidad de la
persona que llevamos, que exhibimos en heterorrelación constante, dentro de
la mántica encarnada en la simpatía filo-ontogenética de la razón
humana.
Materializando el espíritu o espiritualizando la materia,
damos con nuestro yo, esa sensibilidad humana comprensible sólo al
interior de un sistema total orgánico, donde convergen por igual las
distintas facultades espirituales. Capacitado para sentir,
susceptible al sentimiento y la emoción, dotado de voluntad, intelecto e
imaginación, el hombre es capaz de auto-conciencia, de sensibilidad, en
cuanto germen ésta de racionalidad, pasaje de lo sensible a lo racional en
gradual continuo.
A partir de la percepción, suma selectiva de sensaciones,
como por ensayo y error, por tanteo, el hombre va desde una sensibilidad
externa a una interna, alcanzando una genérica - sintética, gracias a su tacto
personal, tacto seguro (aisthésis) del que depende que
podamos fijar la sensación de nuestra existencia, la radiografía de nuestra
humanidad, en búsqueda de estrategias vitales de auto - realización, dentro
del mejor autodiagnóstico existencial, en comunión con los demás hombres.4
En un como vaivén existencial, el sentido del tacto
-fundamento del entero comportamiento humano- nos permite permear el real
hasta aproximarnos o adentrarnos en nuestro fuero personal interno, dar con
los fundamentos de esa "fuerza que tiene el espíritu de ponerse en
contacto, de una manera u otra, con el ser cirunstante, penetrarlo y posesionarlo",
es decir, dar con su sensibilidad, la que a la larga le permite someterse a
la prueba del real para confirmar su propia naturaleza emocional sensitiva,
donde el "sentido común" emerge como el vértice de una sensibilidad
externa, al tiempo que umbral de la sensibilidad interna.5
La memoria como conciencia del pasado, influye en
nuestro presente, junto con todas las huellas psíquicas hechas rutinas y
hábito, aprendizaje, código y clave de comprensión socio-humana. La imaginación
en cuanto facultad de representación de los objetos y fenómenos ausentes,
inexistentes, dota a la memoria de una carga imaginativa que va
configurando al hombre de fantasía o de imaginación creadora
gracias a nuestras potencialidades intrínsecas. Surge, entonces, el momento
de la emoción y el sentimiento, esa afirmación espontánea inmediata
de quien percibe lo que percibe, de quien constata su ser, en orden a un
juicio particular de valor, la vis aestimativa o cogitativa
considerada punto supremo de sensibilidad, inicio de la racionalidad. Fuerza
estimativa que evoca la antigua "caña pensante" que, al
interior del sentimiento, configura el juicio estético, dándole
validez a la sensibilidad interna con toda su peculiaridad de
representación, conciencia e inclinación.6
El sentimiento, así, recoge en una unidad singular
los datos de los sentidos externos y todas las síntesis parciales de los
internos, gracias a esa "ratio particularis", fuerza
totalizadora de la esfera de las operaciones sensibles del hombre que,
quiérase o no, inflama de racionalidad a las facultades sensitivas, dándole
significado a las operaciones endógenas y exógenas, transformándolas en
signos expresivos de interioridad del sujeto. Fuerza que, desde otro
ángulo, va a ser "la capacidad de participar en las emociones de los
demás o de simpatizar", más aún, de participar y acoplarse con la
totalidad de humor que colorea las expresiones socioculturales anímicas de
una época, un aquí y un ahora. 7
M. Blondel atribuye a la sensibilidad un rol propedéutico
con relación al conocimiento racional y científico, donde la vida psíquica
humana es el resultado de una ósmosis entre hombre y cosmos, estando la
vida consciente precedida de aquella inconsciente y fisiológica siendo los
sentidos externos puntos de partida psicológicos. Justamente, el punto de
partida real no puede ser dado sino por el cuerpo, globalmente considerado
a través del encuentro del yo con el mundo; estado real y
complejo del cual, en sinergia constructiva, fecundante, nacen las
diferentes energías preliminares que dan vida a la conciencia.8
De donde, con el italiano Sante Babolin, podríamos
concebir la sensibilidad humana como "aquella tendencia del
espíritu, radical, originaria, única e indeterminada, que funciona,
actualizándose y especificándose, en todas las facultades humanas,
sensitivas y racionales, como un denominador y vínculo de unidad".
Siendo así que aquel algo de común existente entre las potencias de nuestra
animación -sentir, conocer y querer- manifiesto en la actividad perceptiva,
es lo que configura la sensibilidad humana, la nota esencial y
constitutiva del espíritu humano, equivalente a la misma naturaleza humana
singular. Diríase que el mundo de las cosas y el de las ideas, lo sensible
y lo inteligible, encuentran en la sensibilidad la clave gnoseológica en la
que converge la explicación del conocimiento.9
1.3. Proyecto de Vida y Proyecto Creador
A partir de estas premisas, cabe indagar acerca del papel
de la sensibilidad en la persona humana, en la búsqueda de la visión del mundo
de cada hombre. La sensibilidad debería ser la plataforma real que nos
permita la toma de la conciencia del ideal interior junto con el
descubrimiento y posesionamiento de los medios expresivos, del lenguaje
adecuado al diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del
reconocimiento de nuestras propias potencialidades, en una genuina libertad
que nos permita pronunciarnos frente al propio destino. A través del papel
activo de la sensibilidad externa, por medio de abstracciones y selecciones
perceptivas, podrá el hombre alcanzar el mejor desenvolvimiento de su ratio
particularis, de su diferencia individual en consonancia con el
contexto existente inmediato y mediato.
Dentro del más racional reconocimiento del sufrimiento y
flexibilidad humana, progresivamente, el hombre debería ir despejando las
incógnitas de su propia creación y destino; de su auto-creación,
desindividualización, co-creación y socio-creación. Allí es donde, en sano
Humanismo Integral, la creación artística puede llegar a ser objetivación
de la experiencia estética en aras de creación global. La vocación humana
estribaría en una gestión de vocación artística en función del Proyecto
Creador de cada hombre.
La gloria del vivir nacería, entonces, desde el corazón
del hombre como fruto de su misma sensibilidad, de su templanza y
perseverancia, de su valor y entereza; de la conciencia de ese gran dolor
en viaje, de esa lúgubre letanía del dolor humano, donde sólo el liviano
equipaje de la libertad le permitiría pronunciarse frente al propio destino,
hasta alcanzar algún día la explosión del triunfo.
Surgiría, así, la visión de un hombre artífice de su
propio destino, arquitecto de su propia vida, de manos con la lámpara
de la sensibilidad, dando cada día con su arte, con su mejor yo.
Entonces, podría corroborarse que el paradigma real de la existencia humana
no sea otro que la sumatoria de los intríngulis conscientes signados por la
sensibilidad en función de Vocación Creadora. Tarea del hombre sería
vivir en permanente búsqueda de completitud humana, en creciente
realización. La vocación podría entonces ser definida como la permanente
atención que el hombre brinda o depara al llamado personal, sociogénico,
con miras a un sinérgico desarrollo colectivo.
1. 4. Evolución y Metanoia
Inmerso en el gran flujo de la creación de la humanidad,
el hombre asiste hoy a una de las más convulsionadas épocas de su historia,
la "era de la ansiedad". Inseguridad individual, desestabilidad
familiar, amenazas de hecatombe atómica, angustia generalizada, galopantes crisis,
constituyen la urdimbre, la estofa, la trama del Universo, con complejidad
creciente. (T. De Chardin).10
Frente a esta realidad, se nos exige una tarea, un
objetivo en nuestra vida, el desempeño de una misión que, por contraste,
ante la unificación, ubiquitariedad, instantaneidad y omnicontemporaneidad
histórica de la "Aldea Global", ante la interactividad,
movilidad, convertibilidad, conectabilidad, omnipresencia y mundialización
- claves del futuro ecuménico planetario - obliga a una diversificación de
funciones, dada la impresionante especialización requerida. Lo que demanda
una adecuación continua, una permanente "puesta al día"; inventar
en cada ocasión una tarea, una función, un papel nuevos. Como si se tratara
de tener que vivir varias vidas en una sola o en "renacimientos
sucesivos".11
Difícil, entonces, pretender ser "de una sola
pieza" en un mundo en mutación constante. Los llamados o llamamientos
unívocos de ayer, tórnanse hoy plurívocos o pluridimensionales. Un
ingeniero o arquitecto, por ejemplo, no entienden fácilmente a un abogado,
a un financiero o a un médico, quedando la vocación cada día más signada
por un enfoque interdisciplinario de "tolerancia positiva"
enriquecedora, donde la interacción es base del progreso consciente,
sinérgico y solidario. Sería como referirnos a una heterogeneidad dentro de
una organización centrada en complejas interioridades compartidas,
interdependientes. Todo lo cual nos llevaría a la configuración o
formulación de un Proyecto de Sociedad Alternativa capaz de una real
liberación mediante decisiones innovadoras dignas del escenario globalizado
que actualmente nos circunda.
A pesar de que sepamos que la "humanidad nace sobre
todo en las horas de crisis", difícil para el hombre de hoy elegir,
encontrarse a sí mismo, participar en la hechura de un mundo cada día más
violento, donde la misma "economía del conocimiento" nos presenta
una ingente brecha. Entre tanto, el éxito del hombre estriba en entrever su
propio sueño, en llegar a un cambio interior, a una conversión, a
una metanoia, en lenguaje paulino, capaz de llevarlo a una revolución
de su estado de conciencia, en función de una sinergia optimizadora de su
realización colectiva.12
Equivaldría a una experiencia de liberación capaz de
plasmar una autenticidad, una unanimidad y una verdad, dignas de
trascendencia y de advenimiento histórico. Es decir, un real estado
naciente entendido éste como "un estado de transición del social
en el que se constituya una solidaridad alternativa y una exploración de
las fronteras del posible dentro de un cierto tipo de sistema social, a fin
de maximizar lo que de aquella solidaridad sea realizable en un momento
histórico determinado".13
Estado Naciente que respondería a un real Humanismo Positivo
Integral, caracterizado por una individualización (ego-creación),
una desindividualización (co-creación) y una contextualización
o creación social (socio-creación).
Para ello, es indispensable el concepto de autoestima:
esa energía, fuerza interna, proveniente del organismo mismo, que organiza
todos sus procesos, les proporciona sentido y dirección, les ordena y
orienta, dando lugar a la experiencia, integrándola a su contexto propio
individual. Energía que se afianza en dos sub-sistemas interdependientes:
el sí mismo y el contexto, representado en el tiempo, el
espacio, los aprendizajes, las experiencias del otro, las alternativas, los
recursos, valores y normas: un campo de fuerzas que proporciona actualidad,
especialidad, originalidad y creatividad a nuestra experiencia total.14
Sistemáticamente, a partir del sí mismo y del contexto
individual, de pareja, familiar, organizacional y social, en orden a
niveles de complejidad creciente, respondemos a una cultura y a una ecología,
donde la autoestima, conscientemente entendida y vivida, nos libera de
cualquier catástrofe, individual o social, permitiéndonos llegar a ser,
es decir, encontrarnos, hacernos, realizarnos en optimismo existencial, en
Humanismo Integral, lejos del miedo al universo o a lo humano mecanizante y
absorbente.15
1.5. Vocación y Campo Intelectual
Diríamos que el asunto de la vocación, el impulso vital
del hombre, pudiera enfocarse desde tres ángulos: el ontológico que
sería la razón de ser que la ubica dentro de la sustancia raizal de
su identidad; el estético o la vocación de ser, que atañe a
la percepción de sus relaciones sensibles, en coherencia funcional; y el
ético en cuanto voluntad de ser que preside los alcances connotativos de su
contenido, dentro de una genuina autenticidad y finalidad.16
Focalizando aún más, diríamos que la vocación es el
llamamiento, la inclinación o afición que acompaña al hombre hasta signarle
definitivamente su vida. El deseo vehemente de querer vivir, ser hombre,
alguien en la vida. Aliento vital, moldeamiento del instinto, de las
pulsiones humanas. Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse. Hacerse
como razón última de la persona. Darse formas nuevas. Crearse a partir de
lo que fuimos, somos, hacemos y seremos. Progreso hacia sí mismo. Madurar,
cambiándose incesantemente. Advertencia de la posibilidad de las
potencialidades. Intuición del oficio vital. Determinación, elección de
nuestra corriente existencial. Establecimiento de una racional vibración
del hombre consigo mismo y con todo cuanto lo rodea.17
En otras palabras, conciencia inmediata, deseo de
duración, trascendencia, auto-realización, auto-responsabilidad. Pesquisa
sobre el Proyecto de Vida Personal. Tendencia actualizadora, direccional,
hacia la totalidad, dentro de un tropismo ascensional positivo. Estado Naciente,
no transitorio sino proactivo, permanente. Movimiento productivo centrado
en sí mismo. (Carlos Rogers). Búsqueda del ritmo propio. Meditación sobre
el ¿qué somos? ¿por qué estamos? y ¿para qué servimos?
Impulso vital que desemboca en la evolución creadora
que ha de definir nuestra energía espiritual.18
Impulso existencial. Conjugación de lo real extensivo con lo concreto
intensivo. Socialización de expansión y de comprensión. Alternativas de explicatio
y complicatio: de desbordamiento y recogimiento.19
Espíritu de simplicidad. Sinergia evolutiva. Llamado histórico. Memoria
histórica. Compromiso de cumplir la promesa.20
Tarea para la que fuimos llamados por la naturaleza y
hasta por Dios. Aptitud, ocupación básica, inclinación imperiosa, goce
espiritual por una ocupación, arte, estudio u oficio. Magnetismo
proveniente del campo intelectual, del sistema de líneas de fuerza
que en un momento dado del tiempo estructuran, apuntalan el Proyecto
Creador. Atracción del campo cultural dotado de un peso funcional
específico. Participación y acoplamiento con la tonalidad de humor que
colorea las expresiones culturales anímicas de una época.21
Aceptación de la circunstancia única e ineludible: de la nación y del
tiempo que nos tocó en vida, el aquí y ahora nuestros.22
"Lograr realizar algún día lo que constituyó nuestro sueño primordial
desde que fuimos jóvenes, es decir, ser poetas… (por ejemplo)"
(Ludovico Silva).
En una palabra, trátase de una completitud del fenómeno
humano, de un henchimiento pleno de la vida, sin pérdida de tiempo. A pesar
de que a todos, al final, pueda correspondernos sobre nuestras tumbas el
epitafio italiano: "Qui giace un uomo che poteva fare di piú".
2. La Cueva de los Suspiros
2.1. Objetivo
A la luz del anterior marco ideológico, referencial y en
aras del establecimiento de una racional vibración del hombre consigo mismo
y con cuanto le rodea, en pro de una auténtica completitud del fenómeno
humano; conscientes de que el arte puede constituir medio para completar la
insuficiencia emocional latente en cada hombre, así como de que una genuina
educación puede orientar en lo estético estimativo, en nombre del
fortalecimiento de la integridad social, nos disponemos ahora a rendir
cuenta de la experiencia ecopoética obtenida a través de las "experiencias
vividas" en La Cueva de los Suspiros, una de las diez
estaciones que integran el Taller Ecológico del Parque Natural Paramillo de
la UNET, Universidad del Táchira - Venezuela, a partir del año 1989 hasta
nuestros días.
La Cueva de los Suspiros del Taller Ecológico
del Parque Natural Paramillo, ubicada en los predios de la UNET, tiene como
objetivo el aprovechamiento del medio ecológico como escenario vivencial
para la reflexión, la creatividad y la animación espiritual.
Reflexión, creatividad y animación enmarcadas dentro del
concepto de sensibilidad y el papel fundamental que ésta presenta en el
fenómeno y la realización de la vida humana. Sensibilidad que, en cuanto
tendencia del espíritu que actualiza y especifica las facultades humanas
como vínculo de unidad, constituye la plataforma que permite la toma de
decisiones personales, la toma de conciencia del ideal interior junto al
descubrimiento y dominio de los medios expresivos, del lenguaje como cuerpo
viviente del diseño de nuestro Proyecto de Vida, a partir del
reconocimiento y desarrollo de nuestras potencialidades.
Dentro de la concepción del Humanismo Integral, la
estación La Cueva de los Suspiros pretende que la creación artística
llegue a ser objetivación de las experiencias estéticas, vitales y
ecológicas, en búsqueda de un Proyecto Creador donde emerja la
posible Vocación Humana, el llamado personal, con miras a un sinérgico
desarrollo colectivo, en donde el hombre, artífice de su propio destino,
responda al campo intelectual de su tiempo societal.
2.2. Metodología
La Cueva de los Suspiros se caracteriza por
procurar el equilibrio entre lo pragmático y lo teórico, entre la razón
técnica o verdad científica y la razón poética o verdad de creación. En
ella tienen cabida, por igual, tanto la reflexión como el asombro y la
verificabilidad por vivenciamiento, creación, osadía o invención.
La animación espiritual, en tiempo de un legítimo
ecosistema natural humano, considera al diálogo y a la participación como
energía cósmica primordial entre el amor y la solidaridad creadora del
hombre. Entre los parámetros de la Educación Integral surge, entonces, la
interdisciplinariedad como pilar y razón de psicosíntesis, ya sea en el
orden interpersonal o de integración sociogrupal, ya sea en la
ego-creación, la co-creación o la socio-creación. Se trata de enfatizar la
interobservabilidad como clave de lectura humano-social. De promover la
tolerancia positiva, permitiendo cada uno de los lenguajes sin complicación
de contradicción, oposiciones, egoísmos o mezquindades de ninguna índole.
A través de una visión holística, integral, la
imaginación creadora, la concentración mental, la reflexión, la intuición,
la meditación y la inspiración, hacen que aflore la serenidad en medio de
la frescura del bosque natural ecológico y que, gracias a un relajamiento
programado, cada quien obtenga un encuentro consigo mismo, con sus otros,
con su entorno, sus ideas y aspiraciones. En fin, se trata de una experiencia
ecopoética que procura construir y reconstruir el sueño, los sueños,
desde el balcón en que nos llamamos cada madrugada. Vueltos de cara hacia
la espesura de la Vida.
A través de microvivenciales que facilitan la valoración,
el descubrimiento y la comprensión de la situación existencial propia y
ajena, junto con sus problemas y roles, se alcanza una clara fusión de lo
aspiracional con lo inspiracional de la naturaleza humana de los
participantes, tendente a la búsqueda, desarrollo, consolidación y mantenimiento
de una sociedad altamente creadora, enriquecedora, ecológica, no opresiva.
Frente a un mundo duramente distorsionado, alienado,
traumatizado, hambreado, en permanente crisis y catástrofe, La Cueva de
los Suspiros pretende ser una contribución, un real aporte para el
reencuentro humano creador, al interior de la Educación Integral
Permanente, en aras de un desarrollo sostenido, sustentable, con base en
una autosustentación personal-colectiva en pro de la optimización de la
Calidad de Vida.
2.3. Ejercicios
A manera de muestra de los ejercicios desarrollados en La
Cueva de los Suspiros, transcribimos algunos de los textos poéticos
utilizados con el fin de generar una respectiva dramatización y un análisis
por parte de los asistentes, con sus correspondientes vivencias personales
y grupales.
· ejercicio
de
soledad:
cuente
solamente
hasta
uno
*
Rompa a martillazos
el aire que le rodea
Luego
salga tranquilamente
*
música
añeja:
recuerde
un
ruido
que
se
produjo
años
atrás
*
en una noche
· muy oscura
hable
· con claridad
*
Para que la esencia de este poema
pueda ser asimilada
debe ser leído
por toda la humanidad a la vez
*
apriete
este libro
con mucha fuerza
hasta
que todas las palabras
mueran
*
Lea este poema
sin hacer uso del tiempo
*
· Escriba:
la palabra segundo en un segundo
la palabra minuto
en un minuto
la palabra hora
en una hora
la palabra día
en un día
la palabra semana
en una semana
la palabra mes
en un mes
la palabra año
en un año
la palabra vida
en una vida23
2. 4.
Resultados
Dentro del sub-programa Poesía Colectiva que
suscribe la Poesía, Sociedad Anónima de Gabriel Celaya, a partir de
una previa instrucción y convivencia, dentro de un sinérgico co-aprendizaje
creador, se obtienen resultados como éste de una composición poética in
crescendo:
· Hoja
insignificante volandera
débil y hermosa
respiras sollozante en soledad
mientras el viento te circunda
mientras nosotros a tus pies dormimos
O como el
siguiente que gira alrededor de la metáfora:
· Gota de luz
Fogoso trino
Lluvia de cristal
Fósforo de canto
Compás de tiempo
· Violento aplauso
Gozoso instante
Ojos de la sed soñando
Nota
· y origen
· y nacer
· y triunfo
· y muerte
O en el caso
de una mariposa en aras del amor heroico:
· Mariposa solitaria luchadora cabalgando
jadeando coronando sin bridas sin espuelas
arrancando de raíz al Héroe
para hacerle mirar a las estrellas
O el de un
simple verso guardado en el bolsillo:
· Amor que no puedes caminar como una hoja
2.5.
Conclusiones
Cueva de los Suspiros para la temprana
inspiración. Para respirar el aire que quedó en la infancia. Para la
hojita verde con sol que sintetiza el afán… Para juntar todos los
pasos y oír la algazara de los sueños. Para los silencios de las sombras
que esconden a su dios. Para el azul que ennegrece en las colinas. Para la
Luna de Paramillo. Para la aldea sin molinos, para sus casas de cal, sus
floridos cafetales, sus veredas, sus esquinas húmedas de llorar por dentro,
de tanto ser testigo.
Cueva de los Suspiros para el silencio
de la arboleda. Para el regreso a la hospitalaria cuenca de la infancia
vegetal. Para la hojarasca vagabunda. Para recorrer los cielos del mundo en
busca de praderas florecidas. Para espiar cada aurora y comprobar
claramente que el día no existe, que la noche se apoderó del mundo, que
jamás hubiéramos creído que tanta muerte pudiera estar junta.
Cueva de los Suspiros, concebida como
una poética del "pasar transindividual", uno para el otro, con el
otro y en el otro. A modo de Poesía, Sociedad Anónima, a partir de
una Función Uno: el yo aislado; hasta diluirse en una Función Ene:
los otros, el colectivo; dentro de una Equis: el implacable e
incomprensible orden de las leyes o reglamentos no humanos. Es decir,
transindividualización en pulsión inagotable de cocreación y sociocreación.
(Gabriel Celaya).
Cueva de los Suspiros, donde lo poético
es la vivencia, el sentir lo que las palabras y la vida tratan de decir; donde
revalorizamos las formas de soñar, de reír, enmudecer, conversar, meditar,
gesticular, gritar; donde abogamos por la Vida; donde no se trata de vivir
de la poesía o para la poesía, sino de vivir a secas la Poesía. (Rafael
Cadenas).
Cueva de los Suspiros para enredar las
trinitarias con el melindre, la harina y el azúcar del silbido agudo,
penetrante, de la flauta pequeña de los ángeles. Pausa breve para cantarle
al hombre, a la fogata, a la floresta y a la vida. Para ensayar todavía la
palabra. Para ensayar el último suspiro con que tengamos que despedirnos de
esa sombra que supo de nosotros. Para la cósmica energía de la solidaridad
del hombre. Para la serena mirada de la abeja en medio de la plegaria de la
violeta y del responso apacible de la araña. Para ese párpado de hormiga
andando por la vida que apenas somos. Para ese paso de una sombra
que apenas parecemos.
Cueva de los Suspiros para el
hombre triste, sin palabra y sin llanto, que anda por las veredas con su
vara y su perro, apacentando sueños detrás de los rebaños. Para la
verde luz del campo, la gravedad del pino que se curva ya viejo sobre la
tierra. Para las grietas del arado. Para entrar
en el bosque donde ya han esperado tanto tiempo los pájaros tu presencia y
la mía… Para entrar cantando hasta encontrar la hebra del
primer trino en algún árbol. (Manuel Felipe Rugeles).
Cueva de los Suspiros para alimentar
los sueños. Para cifrar las formas de las cosas. Para el ruedo de la vida.
Para emprender jornadas. Para fijar partida. Para construir y reconstruir
el sueño. Para el balcón desde el que nos llamamos cada madrugada, sin que
nadie nos conteste. Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un
pedacito más de vida.
Cueva de los Suspiros, experiencia
ecopoética, para saber quiénes somos, por qué estamos; para qué
servimos. Cuál nuestro grito, nuestra palabra, nuestra propuesta. Cuál
nuestro compromiso, nuestro proyecto, nuestra evolución creadora. Para
reconocer que sin emociones no ha habido, no hay ni puede haber búsqueda
humana de la verdad; y que el libre desarrollo de cada individuo debe
llegar a ser la condición del libre desarrollo de todos. Para convencernos
que el arte, en cuanto "arma de la historia", debe constituir
real alternativa de transformación, de cambio social; tal como de la
exploración del universo físico deberíamos llegar a la exploración de
nuestro humano fondo.
Notas:
- Rugeles,
Manuel Felipe. Poesías. Caracas, Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses, 1961. pp. 24 - 25.
- Laloup,
J. La Ciencia y lo Humano. Barcelona, España, Editorial Herder,
1964. p. 289.
- Garaudy,
Roger. La Alternativa. Buenos Aires, Argentina, Editorial
Tiempo Nuevo, 1972. pp. 101 - 116.
- Jaeger, Werner. Paideia.
México, Fondo
de Cultura Económica, 1985. p. 800.
- Babolin,
S. Il Ruolo della Sensibilitá nella Persona Umana. En: Rivista di
Scienze dell ' Educazione. Torino, Italia, año XII, Número 2, mayo
- agosto, 1974. pp. 164 - 171.
- Idem.
- Idem.
- Idem.
- Idem.
- Esposito,
Rosario F. La massificazione non essiste. Roma, Italia, Edizioni
Paoline, 1978. pp. 94 - 100.
- Alberoni,
Francesco. El Árbol de la Vida. Barcelona, Gedisa, 1985. pp. 96
- 114.
- Barroso,
Manuel. Autoestima: Ecología o Catástrofe. Caracas, Galac,
1987. pp. 463 y ss.
- Alberoni,
Francesco. Movimento e Istituzione. Bologna, Societá Editrice
il Mulino, 1977. p. 45.
- Barroso,
Manuel. Op. cit. pp. 239 y ss.
- Ibidem.
Pp. 85 - 145.
- Guédez,
Víctor. Colette Delozanne: La raíz ontológica, la coherencia estética
y la autenticidad de su obra. En: Culturales, Diario El Universal,
Caracas, 8 de mayo de 1988. Cuerpo 4. p. 3.
- Bergson,
Henri. Obras Escogidas. Madrid, Aguilar, 1959. pp. 17 - 43.
- Idem.
- Spranger, Eduardo. Cultura y Educación. Buenos Aires, Espasa -
Calpe, 1948. pp. 86 - 87.
- Alberoni,
Francesco. Las Razones del Bien y del Mal. Barcelona, Gedisa,
1986. pp. 139 - 150.
- Pouillon,
J. et alii. Problemas del Estructuralismo. México, Siglo XXI
Editores, 1971. pp. 135 - 182.
- Ortega
y Gasset, José. Historia como Sistema. Madrid, Revista de
Occidente, 1950. p. 70.
- AA. VV. Texto
Poético 8. Valencia, España, 1985.
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