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Ano rex Ya no trasciende el cuerpo buscando su ascesis, su ser. No renuncian los cuerpos, no mortifican, no levitan en orgasmos de amor divino. La carne ama su seco hueso buscando vacíos de nada; humores y médulas no arden gloriosamente; sólo se autofagotizan, periclitan sobre sí mismas, se inmolan buscando la complicidad (y la compasión) de las cámaras. Sin enanos tiranos, las mentes inventan el IV Reich del óseo amor a sí y los fantasmales cuerpos andróginos buscan su campo yerto y seco de exterminio. El culto ha cambiado, se buscan cuerpos, falaces espejos eléctricos, sus bellos huesos y sus egos sin centro en el abismo oscuro, en el precipicio de vómitos y heces de los retretes negros. |