Ano rex

Ya no trasciende

el cuerpo buscando su ascesis,

su ser.

No renuncian los cuerpos,

no mortifican,

no levitan en orgasmos de amor divino.

La carne ama su seco hueso

buscando vacíos

de nada;

humores y médulas

no arden gloriosamente;

sólo se autofagotizan,

periclitan sobre sí mismas,

se inmolan

buscando la complicidad

(y la compasión)

de las cámaras.

Sin enanos tiranos,

las mentes inventan el IV Reich

del óseo amor a sí

y los fantasmales cuerpos andróginos buscan

su campo yerto

y seco

de exterminio.

El culto ha cambiado,

se buscan cuerpos, falaces espejos eléctricos,

sus bellos huesos

y sus egos sin centro

en el abismo oscuro,

en el precipicio

de vómitos y heces

de los retretes negros.