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Oquedad en la playa Cavamos el hueco y jugamos a enterrar; regresamos al espacio vacío, el útero que, cálido, volvemos a llenar entre risas. Sentimos las manos palpitantes. La tibia arena del mar, calentada por el cuerpo, forma amnióticos limos de sudor y polvo. Es la hora de sentir que hueco, calor y carne son tierra, madre y amante. |