LA IRA DEL HAMBRE

 

Estiro la mano

hasta donde llegan los números

Cuántas tazas eran tres de escombros sumergidos

de dudas

probadas al ciento por ciento

con el biombo que separó el aposento en dos mitades

La Nada

recogida en un linóleo de escombros

El reverbero

donde se tostaba un litro de leche amarga

El centavo estirado

El llanto harapiento entre paredes

El humo

sepultado en el abismo

La desesperación asomando sus arrugas

    0 con los retazos del llanto

Los platos famélicos sin cuchillos

Las manos arrugadas

Crispadas

Con tanto sudor de sangre amarga

Manos santas

De piedad plateada en los cabellos

De lloros reservados en la piel del alma

Pólen de soledad

    enjaulada en un cuarto de cenizas

Sin piedad el martirio

Sin descanso el martillo estropeando la alegría

El polvo del dolor esparcido en el aire

Recuerdos desteñidos por el llanto

        de vinos amargos

De tazas sin orejas a la vista

De miedos escondidos

        en los salivazos de las puertas

Las maderas del orgullo

        mordidas

        en el punto vulnerable de la sangre

Las palabras despeñadas

La prisa de tanto andar sin nada entre piernas

Y luego

quedarse a secas

con el miedo en cuclillas

con la sombra escondida en los ojos

la fe golpeada en muletas

el hombro desquiciado

la ira del hambre resoplando entre dientes

Y perdemos

el deseo de ver a un ángel sin alas

 

El placer

de llegar al tuétano de una caricia

De saltar a un río sin piedras en el fondo

y estiramos las manos

que olfatean las tuyas

cansadas de sembrar la Nada

en tres platos famélicos sin cuchillos

las sienes plateadas

la sombra sepultada en el abismo

la rabia del hambre gritando entre dientes

el reverbero flameando

 

su litro de leche amarga

el biombo hundiendo un linóleo de escombros

en dos mitades