Sentencias de la 71 a la 80

Cada uno de los sexos se engaña acerca del otro: esto hace que, en el fondo, se honren y se amen sólo a sí mismos (o a su propio ideal, para expresarle de manera más grata ). Así, el varón quiere pacífica a la mujer, pero cabalmente la mujer es, por esencia, no-pacífica, lo mismo que el gato, aunque se haya ejercitado muy bien en ofrecer una apariencia de paz.


Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes.


Quien no sabe encontrar el camino que lleva a su ideal lleva una vida más frívola y descarada que el hombre sin ideal.


De los sentidos es de donde procede toda credibilidad, toda buena conciencia, toda evidencia de la verdad.


El fariseísmo no es una degeneración que aparezca en el hombre bueno: una buena porción de fariseísmo es, antes bien, la condición de todo ser bueno.


Uno busca a alguien que le ayude a dar a luz sus pensamientos, otro, a alguien a quien poder ayudar así es como surge una buena conversación.


En el trato con personas doctas y con artistas nos equivocamos fácilmente en dirección opuesta: detrás de un docto notable encontramos no pocas veces un hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre encontramos incluso a menudo un hombre muy notable.


También en la vigilia actuamos igual que cuando soñamos: primero inventamos y fingimos al hombre con quien tratamos y enseguida lo olvidamos.


En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón.


Consejo enforma de enigma. «Para que el lazo no se rompa es necesario que primero lo muerdas.»