
Sentencias de la 21 a la 30
Es terrible morir de sed en el mar. ¿Tenéis vosotros que echar enseguida tanta sal a vuestra verdad que luego ni siquiera apague ya la sed? |
«Compasión con todos» - sería dureza y tiranía contigo, señor vecino! |
El instinto. - Cuando la casa arde, olvidamos incluso el almuerzo. - Sí, pero luego lo recuperamos sobre la ceniza. |
La mujer aprende a odiar en la medida en que desaprende a hechizar |
Afectos idénticos tienen, sin embargo, un tempo ritmo distinto en el varón y en la mujer: por ello varón y mujer no cesan de rnalentenderse. |
Las propias mujeres continúan teniendo siempre, en el trasfondo de toda su vanidad personal, un desprecio impersonal por «la mujer» |
Corazón sujeto, espíritu libre. Cuando sujetamos con dureza nuestro corazón y lo encarcelarnos, podemos dar muchas libertades a nuestro espíritu: ya lo he dicho una vez. Pero no se me cree, suponiendo que no se lo sepa ya... |
De las personas muy inteligentes comenzamos a desconfiar cuando se quedan perplejas. |
Las vivencias horrorosas nos hacen pensar si quien las tiene no es, él, algo horroroso. |
Precisamente con aquello que a otros los pone graves, con el odio y el amor, los hombres graves, melancólicos, se vuelven más ligeros y se elevan por una temporada hasta su superficie. |