
Sentencias de la 111 a la 123
En un hombre de conocimiento la compasión casi produce risa, como en un cíclope las manos delicadas. |
Por filantropía abrazamos a veces a un cualquiera (ya que no podemos abrazar a todos): pero precisamente eso no es lícito revelárselo a ese cualquiera... |
No odiamos mientras nuestra estima es aún pequeña, sin sólo cuando es igual o mayor a la que tenemos por nosotros mismos. |
Utilitaristas, ¿es que también vosotros amáis toda cosa útil tan sólo como un vehículo de nuestras inclinaciones, es que también vosotros encontráis propiamente insoportable el ruido de sus ruedas? |
En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado. |
La vanidad de los demás repugna a nuestro gusto tan sólo cuando repugna a nuestra vanidad. |
Quizá nadie haya sido aún suficientemente veraz acerca de lo que es la «veracidad». |
A los hombres listos no les creemos sus tonterías. ¡qué pérdida de derechos humanos! |
Hay una inocencia en la mentira que es señal de que se cree con buena fe en una cosa. |
Es inhumano bendecir cuando nos han maldecido. |
La familiaridad del superior resulta amarga porque no es lícito corresponder a ella. |
«No el que tú me hayas mentido, sino el que yo ya no te crea a ti, eso es lo que me ha hecho estremecer. » |
Hay una petulancia de la bondad que se presenta como maldad. |
Las consecuencias de nuestros actos nos agarran por los cabellos, harto indiferentes a que entretanto nosotros nos hayamos «mejorado». |
"Me desagrada". ¿Por qué? - «No estoy a su altura.» ¿Ha respondido así alguna vez alguien? |