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Juegas todos
los días con la luz del universo.
Sutil visitadora,
llegas en la flor y en el agua.
Eres más
que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo
entre mis manos cada día.
A nadie te
pareces desde que yo te amo.
Déjame
tenderte entre guirnaldas amarillas.
¿Quién
escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
¡Ah,
déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no
existías!
.
De pronto
el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo
es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí
vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste
la lluvia.
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Pasan huyendo
los pájaros.
El viento.
El viento.
Yo sólo
puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal
arremolina hojas oscuras
y suelta
todas los barcas que anoche amarraron al cielo.
.
Tú
estas aquí. ¡Ah!, tú no huyes.
Tú
me responderás hasta el último grito.
Ovíllate
a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo
algunavez corrió una sombra extraña por tus ojos.
.
Ahora, ahora
también, pequeña, me traes madreselvas.
y tienes
hasta los senos perfumados.
Mientras
el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo,
y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
.
Cuanto te
habrá dolido acostumbrarte a mí, ...
a mi alma
sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos, visto
arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras
cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos gigantes.
Mis palabras
llovieron sobre ti acariciándote.
Amé
desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te
creo dueño del universo.
Te traeré
de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas
oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer
contigo
lo que la
primavera hace con los cerezos.
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