El pañuelo
Aun tengo el
pañuelo en que limpié
de mis labios el carmín de
tu boca. No he querido
borrar el color ni el aroma
que como reliquia quedó
impregnado en blanco. Y lo miré con
ternura y dejó en mis
manos la suave
memoria de tus besos. Sí, allí, como
retrato de amor quedó parte de
tu alma. Y al
acariciarlo, derramé una lágrima. El agua de mi
pena se fundió con
tu cariño rosado que prisionero
quedó en mi pañuelo un día. Y con un mimo
religioso y tierno lo guardé de
nuevo. Otras lágrimas
reclamaban su caricia de
seda pero me di
cuenta, tarde, muy tarde, que no
merecían tan dulce albergue. -Arcángel- |