Mi soledad


Yo no tengo una, yo tenga muchas soledades y cada una de ellas tiene su calidad y sus atributos.  La mayoría de mis soledades, yo mismo me las invento; otras, los dioses me las regalan.

 

Cada una de ellas tiene su encanto y al mismo tiempo su amargor… un amargor que degusto a veces como medicina.  Medicina que no cura nada pues vuelvo a estar solo, a respirar el silencio de mis madrugadas.
Es muy triste sentirse solo en medio de una muchedumbre por eso prefiero mi soledad pura: Yo y mi nada.
Así, si acaso cayera esa lágrima se sentiría también sola, sin nadie que la secara.

 

Practicar la soledad es prepararse para la muerte, la soledad última y definitiva. Es también desearla pues es paz y descanso y ya el aire no pesa, ni duele el pecho, ni se cierra la garganta. Pero esta nada de mis ahoras tiene un silencio y no es agradable; es monótono, de un morado sutil, de un timbre cruel, incansablemente cruel.  Por eso, cuando ya sin físico que pueda recoger las ondas del aire, habrá otra nada más noble y verdadera.

 

Esta nada de hoy es engañosa pues hay algo en ella… No obstante es mía, y mientras que la tenga tendré algo. Por eso no puedo odiar a mi soledad pues sin ella me obligo a salir al mundo y no tengo excusas para el sueño, para el abandono, para sumergirme en esa verdadera nada. Me arropo en ella, pues, y quedo dormido en su silencio gris que me sirve de manta y de almohada. Si acaso, odio la mañana, el nuevo día donde he de pretender otra vez que tengo fuerza y a veces hasta pretendo que tengo compañía.
Con mi soledad tengo esperanzas de alcanzar esa eternidad una vez y de por todas… ¡Ay! ¿Por qué se tarda tanto?


¿Y habrá alguien que me eche de menos?


Si me dejaron solo cuando estaba solo, si nadie vino a recogerme, nadie a secarme esa lágrima, si nadie llamó a mi puerta, si nadie preguntaba, si nadie se dio cuenta...  ¿Qué harán cuando me haya ido?
Y a mí… ¡qué se me importa!

 


Colgado de la pared, tengo un reloj con tres horas
desde la una a las tres…

Le hablo a cada minuto
de esas mis horas tan largas
y la agujita se mueve
dentro de mi madrugada.

No veo el tic-tac del tiempo
que se ha parado en la noche
¿Vendrá un alguien a quitarme
esta soledad sin nombre?

La esfera tiene un reflejo.
Me acerco, creo ver mi cara.
Pero estoy equivocado,
es el reflejo de un nada.

Que aire tan raro éste
que no se mueve ni cambia;
que siempre se ve lo mismo
con diferente mirada.

¡Que silencio tan inglés,
que frío desagradable!
¿Podrá mañana algún alguien
esta soledad quitarme?

Ya son cerca de las tres…
Ya acaba mi madrugada
y quedo dormido en pie
esperando la mañana.