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Nuestro
reloj El calor de
su preciosa presencia, su melosa
mirada de celestes cariños o el tacto
mimoso de sus manos, calma la
turbulencia de mi espíritu. Así es el efecto que ella me produce: Una sonrisa en el alma. Y el tiempo
con ella, aun efímero, perdura en
éste, nuestro éter, haciendo
del eterno septiembre una hora de
arena que no acaba. -Arcángel- |