Aquella tarde de otoño...

 

¿Recuerdas aquel camino que nos llevaba al pinar?

 

Un día recorreremos de nuevo esa vieja vereda,

que atendida por adelfas y mariposas blancas,

y acariciada por los ecos de la brisa del norte,

hoy me trae como regalo el celeste de tus ojos.

 

Pero si vienes conmigo otra vez, en el silencio,

no hará falta la imagen, ni el sonido, ni el recuerdo.

Llevaremos una cesta de manzanas y bellotas dulces,

descansadas en un paño blanco con lunares azules

y en el agua de manantial de nuestro querido pueblo.

 

Sembraremos semillas de una nueva memoria

entre agujas de pino y despobladas piñas,

allí donde la ardilla traviesa nos cotilleaba

esperando el momento de robarnos las bellotas.

 

Allí grabaremos, para un nuevo recuerdo,

en la ternura del aire de piñones frescos,

un dulce encuentro de miradas y sonrisas.

 

Y entonces nuestro silencio hablará...

en el recuerdo de otra tarde de otoño...