Madre de perla

 

Tú…

de perla dolorosa madre,

me abres tu corazón de nácar

y me pides…

que escuche tu muda mirada.

 

Tomo en mis manos el dolor de tus ojos

y me uno en el llanto impotente de tu pena.

 

Sólo puedo ofrecerte un consuelo

acariciando con mimo tu afligida alma.

Sólo puedo ofrecerte una esperanza

y decirte que tu perla brillará de nuevo.

 

Tus ojos de hada radiante,

hoy de madre angustiada,

ya no ríen como antes

con esa alegría de ninfa encantada.

 

De divina seda, y bordado en canela,

un pañuelo te traigo del cielo

de lunares azules y de caramelo.

 

Y con el piquito de ese pañuelo,

con cariño tierno,

iré secando ese nácar,

esas aguas agrias

que desconsoladas,

le quitaron el color a tu risa

y apagaron el ámbar en tu alma.

 

Yo te traigo una poca de lumbre,

de lumbre de besos

y candela de abrazos,

que quisiera guardar en tu pecho,

y allí dentro quedar de rescoldo

confortando ese frío tan amargo

y el dolor de tu invierno.

 

Y en mis manos…

en mis manos de amigo

te traigo esta calma:

 

Que esa perla…

que de angustia

un collar te da un día,

si se cuida y se pule,

y con tiempo,

será joya brillante en tu anillo,

en tu anillo de madre querida.

 

Y en tus ojos volverán los azules

que hoy en grises de pena se turbian.

Serás tú, otra vez,

esa madre de perla brillante,

orgullosa y tranquila,

como siempre lo has sido,

como tú fuiste antes.

 

-Tu Arcángel-