|
Los ángeles no lloran El puente que tus ojos me ofrecieron y me abriste con la sonrisa de tu mirada invitándome con tus manos cariñosas a toda esa amistad que refleja tu cara, lo crucé… y ya no vuelvo. Ayer hablé con una diosa amiga y le conté mis
penas. "Los ángeles no lloran", me dijo sorprendida. Y recordé entonces mi primitiva vida, aquella
donde todos sonreíamos como tontos; donde no había preocupación, ni
conocíamos ni el tiempo ni la vida. Y ahora en esta transición donde recuerdo mi
anterior estado y al mismo tiempo vivo estos momentos mortales, tengo el raro
conocimiento de los dos mundos pero no puedo explicarles a los dioses ni a
los hombres lo que siento. Cuando hablo de dolor, el dios no entiende. No
conoce la impaciencia, la ansiedad ni la esperanza. Todo este idioma, estos
conceptos que estoy aprendiendo, antes eran palabras extranjeras sin
traducción posible en lo divino. Conozco el Tiempo en su totalidad, el antes y
el después confundidos en un eterno presente donde no hay minutos que se
vayan ni minutos que se vengan. ¿Esperar? ¡Qué concepto tan extraño era antes!
Nunca teníamos que esperar pues todo existía en la misma hora. Es este concepto del Tiempo, la gran diferencia
entre dios y hombre. Tan pronto como humano yo me hice empezaron los minutos
a moverse. Y en el principio fue una maravilla, ver al tiempo correr siempre
hacia adelante. La vida no es más que tiempo, un reloj de arena que se va
gastando poco a poco y donde el tiempo es como un fluido que se va sublimando
del alma hasta que no queda más y termina el ciclo. Todo es tan extraño pero
al mismo tiempo tan hermoso… En mi híbrido ser estoy deprimido y feliz. ¿Un
ángel deprimido? ¡Qué cosa! Y me preguntó la diosa si valía la pena. La pena y todos los dolores vale
un beso o una simple mirada de cariño, con esos ojos tuyos, oh, mi ninfa. No me importa haber conocido la tristeza ni
sentir este nudo que aprieta a mi alma. Este arcángel quiere ser tu hombre y
escuchar tus labios decir: "Miguel, te quiero". -Tu Arcángel- |