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Las Arenas de Afrodita (11) Dulce et gratum
erat… sub noctem amare te, in pluvia desiderare te. Una lluvia tímida llamaba a la ventana y no pudimos menos que ir a saludarla. Era un aire fresco, que no frío, el que acariciaba nuestras caras. Arropados en silencio, meditaba… Y al besarte en la frente te decía… Esta lluvia fina, vida mía, ¡mira cómo ama! Cómo abraza a la tierra, besándola, y la tierra responde absorbiendo su agua como yo absorbo tus besos y tu mirada. No dijiste nada, me miraste; tus ojos casi tristes, suspiraste en mi oído… un deseo de dama. Y te amé, vida mía, como jamás he amado, al ritmo de la lluvia y de sus gotas cálidas. La tierra sonreía, las nubes se alegraban, la noche se encendía… Dulce y grato fue en la tarde amarte, y durante la lluvia desearte… Mientras disfrutamos de su melodía de cristal celestial en nuestra epifanía. Tiernamente, recordando anoche… Tiernamente… ¡Te amo! -Arcángel- El fruto de tus labios De esa fruta encarnada y tan madura que por labios tu boca ha florecido, un bocado glotón la mía gusta... Y los rozo tan sedienta del sabor que ya presiento, que te quema ya mi aliento del placer que me devora. ¡Ay de mí, si me niegas esos labios! Que mi hambre sólo tú sabes calmarla. Y si dejada de tu boca, por descuido o por enojos, deslizarse han de mis ojos ciertas lágrimas... amargas. De esa fruta, sabrosa de tus labios, sáciame, vida mía, estos antojos. ¡Que es Amor, en deseo, quien me impulsa! -Ninfa- |