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Invocación Demonio, no me hagas compañía, que no quiero hablarte esta madrugada. Yo solo, esto he de tratarlo sin ayuda. Camino montes de nostalgia y me pierdo en senderos de agonía. Dime, tú que me conoces y me entiendes ¿puedes descifrar este logaritmo amargo? ¿Ves? La serpiente amarilla camina bajo mis pies. Viene ondulante, solitaria y fea. Yo solo he de enfrentarla, pues es mía. Que hasta el color le he dado, y su angosto cuerpo sin destino. Y el túnel. Ese túnel gris de densa niebla, esa que asfixia y ciega. Me suda el corazón, Demonio, y me duelen los hombros, las manos, y la voz. Respiro tu silencio y escucho tu mirada. Sí, la oigo, la siento, jadeante, y quiero que te vayas. Demonio, déjame solo esta noche que quiero romper lanzas con mi alma. Y si no venzo… dormiré un reloj de números romanos. Y si despierto… esconderme de Dios y de otros mundos quiero. ¡Demonio, vete ahora! Que he de velar armas. ¡Demonio, vete ahora! Antes de que empiece mi batalla. ¡Demonio, vete ahora! |