Invocación

 

Demonio, no me hagas compañía,

que no quiero hablarte esta madrugada.

Yo solo, esto he de tratarlo sin ayuda.

 

Camino montes de nostalgia

y me pierdo en senderos de agonía.

Dime, tú que me conoces y me entiendes

¿puedes descifrar este logaritmo amargo?

 

¿Ves?

La serpiente amarilla camina bajo mis pies.

Viene ondulante, solitaria y fea.

Yo solo he de enfrentarla, pues es mía.

Que hasta el color le he dado,

y su angosto cuerpo sin destino.

 

Y el túnel.

Ese túnel gris de densa niebla,

esa que asfixia y ciega.

Me suda el corazón, Demonio,

y me duelen los hombros, las manos,

y la voz.

Respiro tu silencio y escucho tu mirada.

Sí, la oigo, la siento, jadeante,

y quiero que te vayas.

 

Demonio, déjame solo esta noche

que quiero romper lanzas con mi alma.

Y si no venzo…

dormiré un reloj de números romanos.

Y si despierto…

esconderme de Dios y de otros mundos quiero.

 

¡Demonio, vete ahora!

Que he de velar armas.

¡Demonio, vete ahora!

Antes de que empiece mi batalla.

¡Demonio, vete ahora!