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Estrella vespertina
En el atardecer de mis soledades
aparece una estrella vespertina
titilando sus azules encantos:
La noche brilla y baila de alegría.
Ya no siente el cuerpo la tristeza,
el soporífico silencio del vacío
ni el férreo frío de la ausencia:
Mi alma se preña de sonrisas.
Se enciende una luz en mi universo
donde había nada más que un nada amargo;
el éter se convierte en canela y clavo:
En la fiesta de mis ojos
se llenan mis pupilas con tu nombre.
Y en ese beso de otoño y tarde fresca,
con olor a adormideras, me descansas:
Mi espíritu bañado en tus caricias,
con el perfume de tu alma se embriaga.
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