Los Tres Regalos

Todos somos dioses, si queremos serlos;
Dioses jóvenes, algunos íncubos, y al principio temerosos
de umbríos bosques y nublados ríos.
Y en los primeros días de nuestro nacimiento
Aceptamos los regalos mágicos que de Oriente vienen.

Resplandece el Primero y nos da Luz
Con el blanco aurífero de la alegre existencia.
El iris del espíritu se embriaga de risas
Que más tarde serán llantos de herodes aceros.
Pero aún no sabemos y por eso cantamos…

Y enseguida el Segundo certifica
Con diploma de humo y aroma de convento
Que no somos lo que somos sino lo que podemos ser.
Un limbo de parafina sella el amargo contrato
Y sin querer nos deja un poco tristes, por primera vez.

Un Tercero, sin embargo y por añadidura,
Nos acusa de vanas pretensiones.
Icaros asustados visten de mirra sus alas.
La Humildad es un fantasma que aún no conocemos
Pero no por ello temerla es un pecado
Pues nos puede ayudar en el triunfo
Si con ella nuestra cena compartiéremos.

Mas nubes bucólicas, cantos de cencerros,
Y un heno que acaricia, nos confortan.
Vuelve la sonrisa, dibujando de un rosa a nuestros cuerpos.
Trémulos de cosquillas, sin saber reír, lloramos.
Pero pronto cortaremos el umbilical recelo
De nuestros novatos sentimientos.

Son tres regalos que, sin quejas, aceptar debemos
Si queremos que algún día nuestras almas
Jueguen juntas en el patio de recreo del Universo.