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Las Arenas de Afrodita (8) Despedida I Mi ama y señora, mi diosa: Hoy me despido. Me voy y no me has dicho cual es mi destino. Sin oráculos me dejaste, mas con órdenes de amarla. No sé si a ella por igual mandaste. Tu decreto, mi diosa, es placentero y cumplirlo he al punto y para siempre. Mas un bosque de congojas aún yo siento sin causas ni razones, pues su amor es cierto. Ya no tengo Furias ni poseo miedos. Tu mirada, aún sin verte, me hace entero. Honor es para un hombre tener a tal señora amiga y protectora de todos sus anhelos. Mas hoy, libre quiero ser de tus favores, que hora es de que emprenda mi camino sin defensa de tu arco, sólo el mío. -Arcángel- II Arrancado he, tus dudas y tus miedos y a tu astuta inteligencia la ceñí de inventos con que esquivar las iras de envidiosos necios. Hoy por hoy, será ésta quien te proteja: tu aguda inteligencia como arma de combate. Nunca olvides, sin embargo, la existencia de otros dioses; reconócelos por lo que son, cuando en furia se desatan, que sabiendo de sus dones, hallarás también sus faltas y vencerlos, será cosa manejable. A cada cual atiende, Ángel mío que si el humano es débil por creación el Dios lo es también, por lo que crea. Ve con tu Ninfa, mi Arcángel; mi protección te llevas... que cuanto de mí aprendiste nunca olvidar en tu razón puedas. Una lágrima de Artemisa enternecida se desliza en su mejilla... y corta el aire en mil destellos mientras desciende al suelo; al tocar la ardiente arena se torna allí en diamante: brillo, hermosura y firmeza. Toma esa lágrima mía y dásela a tu amada, para que al sentirla en su mano recuerde: que si de una lágrima de ternura nació este bello diamante, de tu amor, han de surgir más bellas joyas. -Artemisa- Colaboración de
Miguel Mendiola (Arcángel) y Maite1957 (Artemisa) |