Las Arenas de Afrodita (7)

Hasta luego

 

I

El luego un luego largo; el hasta nunca llega.

La noche queda quieta, la mañana parada.

 

Me llevo solamente la impaciencia

y el olor de tus carnes en mi alma.

¿Volverá ese largo luego con el alba

o se perderá en la negra madrugada?

 

¡Oh Tiempo, despiértate y anda

que en el balcón de la tarde

me espera mi amada!

 

Ya no quiero decirte "hasta luego";

jamás pronunciaré esas palabras.

Me quedaré contigo y con el tiempo,

en el seno de tu amor y tu desvelo.

 

A Crono pediré trescientas horas,

un péndulo borracho de parábola,

siete relojes de torres muertas,

y dos planetas detenidos en el alba.

 

¡Oh Tiempo, despiértate y anda

que en el balcón de la tarde

me espera mi amada!

 

No dejaré que se paren los minutos

a menos que contigo los comparta.

Si solo, tomaré el tiempo con mis manos

y al punto lo tiraré por la ventana.

Haré correr a Orión y a sus estrellas

para que traigan pronto a tu mirada.

 

¡Oh Tiempo, despiértate y anda

que en el balcón de la tarde

me espera mi amada!

-Arcángel-

 

II

Dices "hasta luego",

vida mía, y te llevas

el olor de los jazmines

que reposa entre tus labios;

el nácar de la luna

adosado a tu costado

pintando estelas blancas,

deslizantes, en tus pasos...

 

¿Dónde vas, Amor,

que te quiero tanto?

 

¿Dónde vas? ¿No ves,

que sin ti se ajan las mis flores

que tus manos provocaron?

 

Dices "hasta luego", Amor...

y sin saber porqué

se viste la noche de nostalgia,

y sin tenerte aquí

toma conciencia

nueva la distancia

implacable y fría

si tus ojos faltan.

 

Y es que, vida mía...

en tu hasta luego,

cabe mi miedo y mi agonía;

mi esperanza de que vuelvas...

mi temor de que te pierdas…

y esa duda tierna y dulce

de un deseo en lejanía.

 

Hasta luego,

Amor...

es mi respuesta...

calma aparente,

toda

recelos.

-Ninfa-