Cadena perpetua
(para un escéptico)
                
                
Con dos caras, como un Ianus clandestino,
Voy andando por un mundo confundido,
En trágica comedia de un destino,
Sin oráculos, ni dioses, ni adivinos.
                
Y es mi sueño una pesada esperanza
Que subo a la montaña día tras día.
Y si mi alma, al punto, no se cansa,
A la cima a subirla volvería.
                
¿Castigo de los dioses? ¡No! Es el mío,
El mío, que yo mismo me lo he impuesto.
Pues los dioses no conocen al impío
Que les reza sin haberle altares puesto