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“Las arenas de Afrodita” (Un poema entre dos amigos) I Amiga... Tu corazón está abierto como el templo de Dionisio, Pidiéndome que entre y ofrezca súplicas en tu nombre, A diosas extranjeras que rechazan fuegos sacrílegos Pero no quieren apagar los suyos propios sagrados. En la puerta, una cortina de terciopelo de alba; Dentro, solo obscuridad y música de sollozos. ¡Ah, si yo tuviere incienso o vela Con que aplacar a tus dioses ofendidos! Afrodita está llorando; Sus lágrimas se mezclan Con espumas de olas confundidas. Afrodita me mira; Y escribe una pregunta en la arena de su tristeza. Leí su reproche y me llenó de miedo y melancolía. Siete caracolas huecas respiraron el secreto Y lo divulgaron al Viento. Siete gaviotas piadosas lo recogieron en sus alas Y lo enterraron en el monte de la Vergüenza. Rubores enrizados trenzan el pelo de la diosa. No es tiempo de pensar en guerras propias -le dije Que la amiga espera la defensa cariñosa, La mano cálida. Afrodita entiende Regalándome una sonrisa Y de Hermes el escudo pero no su espada. ¡Ve ahora! Me ordenó la diosa de nácar. Y aquí estoy, amiga, pero cansado de espíritu; Sin vela ni
incienso, ni ofrenda de plumas exóticas 0 pétalos blancos que canten la inocencia de tu alma. Solo tengo un escudo que darte. ¡Tómalo! Yo quedo descubierto, indefenso. Mis propias flechas me están matando... II Los dioses no entienden de amores confundidos. Ellos tienen muchos pero claros y fuertes. Por eso, del Hombre no escuchan su llanto Cuando se ve solo, vulnerable o perdido. Heracles no protesta la labor del día Que son doce sudores y solo lleva cuatro. Sisifus, incansable, acepta su castigo Subiendo al monte su pesada culpa. Nadie en Olimpo se compadece ni anima Al corazón humilde que palpita dudas. Solo Artemisa extiende su mano Y ofrece de su bosque refugio a la Esperanza. Encontraré el perfume de esa planta divina; Le pondré tres cirios y tres lámparas de aceite, En honor a su nombre de cuna: Luna. Con las mujeres dulces y hacia el Hombre comprensiva. Ella nos entiende y su ayuda es inmediata. No desesperes, mi amiga... Ya siento su aliento de jazmines en flor. Espérame, amiga, que Artemisa me manda. Desnudo vengo, con un escudo de plata. Te arroparé en mis brazos y juntos volaremos Hacia la luz del día, hacia Afrodita y su playa, Donde espumas de néctar lavarán tu alma. Miguel III Artemisa, Luna de plata, En el hombre desnudo Concentra su mirada; Vulnerabilidad hiriente Alcánzale el alma. Heracles, no admite Trabajos sin ganas... E instiga a Sisifus, Con rotas palabras; Jazmines en flor... Acarician sus plantas Y su aroma se extiende Por distantes playas... ¿Acaso sudores De otros, no haya, Que ofrenden sus frentes Y alivien su carga? Las doce labores Son culpa aceptada Y cuatro, aunque pocas, Son muchas... pagadas. IV Espérame, amigo... Artemisa me manda, Con rayos de incienso Y perfumes de calma Que existe un refugio, Un bosque de Esperanzas, Donde habitan los hombres Que cuidan sus almas. Yo soy Afrodita... Y te ofrezco mi playa Mi arena, mi espuma Si aceptas mi alma... Te sobran escudos Si abrazas mis aguas Y en ellas refrescas Tu frente cansada. Que Hermes, te diera Su escudo de plata Pensando en salvarme Cubriendo mi espalda Mas yo, no lo acepto... Prefiero tu alma Llena de inocencia Fundida en mis aguas. (Y tomando su mano... Caminan la playa Y bañan sus pies En espumas blancas...) No quedas desnudo; Estás... en mis aguas, Vestido de amores Cual seda... En tu alma Maite1957 |