|
Transformación
Dulce céfiro
refrescó mi alma
con ese beso y tu meloso aliento.
Y mi espíritu acerbo, arisco e insolente,
en alambique de amor quedó acendrado.
Con ese primer beso regalado,
transformaste mi vida moribunda.
Tu cariño: tal honor, tal privilegio,
y el calor de tu bondad... tus ojos...
Ay, amor, no pido más.
En deuda quedo.
|