Y que tú  sigues queriéndome todavía

 

Si en algún instante yo perdiera el horizonte

en esta oscuridad que navega ya sin velas,

yo quisiera recordar alguna de esas noches

cuando tú eras mi luz, mi llama y mi candela.

 

Perdido estoy en este laberinto negro amargo,

en un océano sin brisas, sin luces ni ilusiones.

Me siento inútil, con frío... y para nada valgo,

pues tú le dabas amor y calor a mis acciones.

 

Si sintiera yo tu voz, mi nombre, en la distancia

o si en el aire azul yo pudiese oler tu aroma,

quizás me dieras un aliento, fuerza y esperanza.

 

Pero mantengo el sueño de verte nuevamente

y que al tomar tus manos otra vez entre las mías,

sabré que sólo fue un cruel juego de mi mente.