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Barrio de Santa Cruz
Las paredes cotillean en una calle estrecha
de esa ciudad sin dueño que recorro triste.
No hay aceras... ni un zaguán de cobijo
defensor del mantillo que cae de la maceta.
Hay patios solitarios donde el mármol manda
y las plantas presumen de un frescor sin causa.
Ni siquiera un canario juega con el silencio,
y la pared se viste de salamanquesas mancas.
Hay cancelas muy férreas, color cárcel esmeralda
y detrás ocho puertas y persianas cerradas.
Y en la calle... ¡ni un alma!
Sólo un sopor cansino descansando en cal blanca.
El sol queda rabiando en la azotea desierta
y hasta el jaramago se duerme entre las tejas.
No hay ropa tendida, ni una sombra fresca,
ni una voz de niña susurrando en la siesta.
¡Tanta belleza inerte, tanta belleza muerta!
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