No sigas diciendo "¡Amén!"

No sigas diciendo "¡Amén!"

Por un manojo de espárragos
Vendió un hombre su destino.
Por doce ramas amargas,
Por doce abortos de trigo.

Su padre lo confundió
Con otro hermano, otro hijo.
Era el hermano traidor.
Lobo, de pastor vestido.

El trigo de sus herencias
De su legado legítimo.
Que en un momento de hambre
Cambió su suerte, su sino.

De ahí salieron los males
De un pueblo muy perseguido
Que hoy es perseguidor
De un primo-hermano vencido.

¿Qué haces Jerusalén
Con tus hermanos de raza?
¿Por qué olvidas tu pasado?
¿Por qué le robas sus casas?

Porque un día un padre ciego
Bendijo a tu buena casta
Sin darse cuenta, con ello,
Que al otro desheredaba.

¿Qué pasa Jerusalén?
¡Siente tu historia, tu sangre!
¡No sigas diciendo "¡Amén!"
A un hermano con hambre!