Cine de verano

 

El abanico del cielo

desparrama el aroma

de un jardín soñoliento.

 

Y con cada bostezo

me trae alegrías

de cántaros sudorosos.

 

En la brisa de ese verano azul,

de noche oscura y ligera,

tus muslos de largo blanco,

con un frescor de higo chumbo,

acarician mis manos de lujurias.

 

Y el guante de la noche

toca un pecho de amapola

y lo hace piedra