|
Un
café por la mañana Y yo cuando reciba el mimo de la
tierra o el mar diluya a mis cansados huesos... O yo cuando en el fuego me
sublime por siempre... Me acordaré de ti, en el último
momento. Y será un punto de tristeza el
saberte de otro, y que jamás fuiste mía, en el
incienso o la cera, Sólo novios en el patio de
recreo... donde no hay aniversarios, ni
regalos, ni un número de rosas que cuenten el tiempo. Mi amiga amante... ¡cuánto
hubiera dado si por un instante hubiéremos
compartido algún abrazo, no de esos de cama sino de alcoba, tuya y mía! No quiero terciopelos ni sedas en
mi almohada; quiero cariñoso algodón y el calor de tu presencia. Unas sábanas compartidas con
amor. Y contigo... un café por la
mañana. |