EL ÚLTIMO GUERRERO

 

Lautaro – Lautaro dice su galopar

y sus perros lo siguen como el viento

(Leonel Lienlaf)

 

1

 

Hijo del más sangriento día

tu ardor ilumina la ruta donde pasas

tu cabellera de cruces se alarga

y se pierde en sí misma

y en ella cuelga la noche con dientes y cometas

en ella cuelgan las gotas de un amanecer distante

incierto y desbocado como un caballo ciego

trotando sin edad y sin memoria

secretamente adherido al resplandor de un beso

Secretamente hacinado entre sombras y estrellas

llegas de donde nadie ha venido jamás

jinete de la luz sin estandarte

recopilado en antologías futuras

en episodios por siglos malheridos

traes la evocadora acústica de los mares

el eco de un relámpago que roe la tiniebla

traes un millón de abejas atadas al cuello

imitando los gestos de un espejo sonámbulo

traes en tu corazón un bosque azul

una semilla para ser repartida

una trinchera donde aguardan los olvidados de siempre

Y pareciera que tu voz es brisa, lluvia, tempestad

lamento de volcán recién nacido

campana de una aurora preñada

más primitiva y más pura que el deseo y su ceniza

más aferrada a la tierra que a su propia vida

 

2

 

Vocero de los sueños

los pejerreyes no saben de ti

pero han navegado las aguas que riegan tu origen

han visto latir las aguas

y en ellas quieren morir

sin más adiós que un mediodía de escamas

sin más despedida que tu sangre río abajo

destiñéndolo todo

Porque a pesar de los ladridos del hambre

a pesar de las caricias del miedo

a pesar del trino manoseado del recuerdo

te sacudes las hormigas espolvoreándolas

más allá de la penumbra

te levantas como un viento acorralado

echando fuego y telarañas de luto

cicatrices de una guadaña ensañada

con los verdugos del alma

con aquellos que reparten el dolor

y la miseria a bocanadas

contra esos te levantas

sin espada y sin coraza

armado solamente de palomas

y murciélagos inéditos

de grillos que interpretan a capella

la eternidad de tu alegría