GUACOLDA

 

Hembra continental vestida para un viaje sin palabras

la sombra del espejo donde mueren las miradas

se parece a ti

tiene las mismas grietas esparcidas en un mar amargo

la misma historia adolorida en el balcón

donde la raza asoma

 

Oye a los jinetes adherirse al gran imán de los recuerdos

siente a la manada desgarrar las armaduras de los dioses

huele al primogénito del viento galopar de noche

mientras sangran a lo lejos las encías

y la muerte entra en la herida de la muerte

deshuesando el bien y el mal

 

Sube en el latido del cultrún

hasta donde el cóndor sacude su cabellera intratable

su túnica de plumas ancestrales

su vuelo matrimonial de alas sonámbulas

 

Y baila

baila junto a los hijos que no vendrán a consolarte

baila entre los guerreros que degollará el olvido

baila con tu pueblo el rito de la flecha sudorosa

el rito de la flecha sin piedad

el rito de la flecha sin sonrisa

el rito de la flecha humedecida

por el llanto de las calaveras

por el llanto de los coihues y de los sueños castrados

 

Y aún así

cuando la sangre mueva los pies

para hablar con los espíritus

y tú la veas venir hacia tu propia sangre

hacia tu propio pie

hacia tu propio origen

cuando el musgo tape las sobras

de la gran ira de Arauco

y los pájaros queden con la servilleta puesta

malhumorados por no haber llegado antes

cuando los ríos se ahoguen de ardor

y el queltehue amontone los gestos

del último de los caídos

lucha

lucha para que el pan se desmigue en tu mesa

lucha para que el maíz recupere su orgullo

lucha para que la flecha sonría de nuevo

para que el ciervo te enseñe a  beber

para que el miedo no roa tu alma

 

Lucha hasta que el luto anestesie tu edad

porque estás destinada a hacerte llaga

y en ti mamarán las estrellas