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Todavía quieren rescatarlo; quieren que el nombre del horror comporte como signo que nombre a un ser
humano. Es que tendrían que encender estrellas, de
cada lirio azul mustio
en el campo, y arder sombras el
sol, alas
de cuervo, sobre la hoguera de carbón sangrado. Es que tendrían que clamar
despiertos, los
niños todos que apagaron juntos, y
acunar en columpio de glicinas a
sus hijos, las madres que asfixiaron. Es que tendrían que pensar de
nuevo los aquellos filósofos los sabios que sucumbieron de razón. Maldita bestia, abanderado vil de genocidas, porque quebraste la sonrisa,
fiera; porque escupiste hiel sobre sagrario, porque fuiste lacayo de un lacayo de locura y mataste, y profanaste, porque fuiste Satán en cuerpo
humano, que no termines de pudrir, despacio, que por los siglos y siglos se
alimenten de tu carne asesina los gusanos. |